26 Mar Al buscar un acuerdo con las distintas facciones del mismo régimen, Trump corre el riesgo de socavar sus propios objetivos bélicos vitales
OPINIÓN
Cuando cesen las bombas, prometió a los iraníes, su gobierno «será suyo para que lo tomen». Pero no será así. Y en cuanto a su discurso sobre una posible «paz garantizada para Israel» – bueno, ojalá fuera cierto
Por David Horovitz

El presidente estadounidense Donald Trump habla con periodistas durante la ceremonia de juramento del secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, en el Despacho Oval de la Casa Blanca, el 24 de marzo de 2026, en Washington. (Foto AP/Alex Brandon)
El primer ministro Benjamín Netanyahu tardó más de siete horas en formular una respuesta el lunes al sensacional anuncio del presidente estadounidense Donald Trump de que sus emisarios estaban negociando indirectamente con el líder iraní un acuerdo para poner fin a la guerra, y que ambas partes habían llegado a un acuerdo sobre unos 15 puntos clave.
No es de extrañar que al primer ministro le costara encontrar las palabras adecuadas. Necesitaba desvincularse, en cierta medida, tanto él como Israel, de la maniobra del presidente estadounidense, sin que pareciera que lo hacía.
El vídeo de 37 segundos que finalmente produjo lo consiguió. Con una actitud decididamente optimista, Netanyahu parecía, a primera vista, respaldar efusivamente el acercamiento de Trump al régimen iraní, pero en realidad no era así. «Nuestro amigo el presidente Trump», declaró, «cree que existe la oportunidad de aprovechar los enormes logros de las Fuerzas de Defensa de Israel y del ejército estadounidense para alcanzar los objetivos de la guerra mediante un acuerdo -un acuerdo que salvaguardará nuestros intereses vitales». Nótese la redacción: Trump cree que hay una oportunidad. Trump cree que puede alcanzar un acuerdo que salvaguarde los intereses de Israel.
Y nótese también la última frase del breve pero minuciosamente elaborado mensaje del primer ministro: «Salvaguardaremos nuestros intereses vitales en cualquier circunstancia». Es decir, que, en última instancia, Israel solo puede y debe confiar en su propia capacidad para protegerse.

Niños juegan junto a un fragmento de un misil balístico iraní que cayó en el patio de una escuela en el asentamiento israelí de Peduel, en Cisjordania, el 23 de marzo de 2026. (Foto AP/Ohad Zwigenberg)
Al responder a las preguntas de los periodistas sobre sus tratos con la supuesta nueva figura «más respetada» de la República Islámica — nada menos que «el líder» — el presidente estadounidense señaló el lunes, como suele hacer: «Mi vida es un negocio. Solo hago negocios, toda mi vida».
Pero si efectivamente llega a un acuerdo con el régimen — y especialmente si resulta que el «máximo dirigente» con quien interactúa es, de hecho, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Ghalibaf — un excomandante de la Guardia Revolucionaria Islámica, exportadora de terrorismo, que grita «Muerte a Estados Unidos» y reprime brutalmente las protestas contra el régimen en su país — Trump corre el riesgo de socavar los objetivos mismos de la guerra que él y Netanyahu lanzaron contra la República Islámica hace menos de cuatro semanas.

El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, vestido con un uniforme de la Guardia Revolucionaria Islámica, preside una sesión en Teherán, Irán, el 1 de febrero de 2026. (Agencia de Noticias de la Asamblea Consultiva Islámica (ICANA)/AFP)
El 28 de febrero, Trump denunció al régimen como «un grupo cruel de gente muy dura y terrible», acusándolo con razón de haber amenazado a Estados Unidos y sus aliados en todo el mundo durante 47 años. Prometió «arrasar su industria de misiles», juró garantizar que Irán jamás obtendría un arma nuclear y les dijo a los iraníes que «la hora de su libertad está cerca». Cuando cesen los bombardeos, instó: «Tomen el control de su gobierno. Será suyo».
Pero, está negociando con ese régimen cruel, cínico y completamente indigno de confianza, independientemente de que afirme que sus representantes actuales son de alguna manera distintos de sus predecesores recientemente eliminados. Por lo tanto, por definición, está legitimando su permanencia en el poder y limitando el camino prometido al pueblo iraní para derrocarlo.
Ecos de Gaza, pero Irán podría ser diferente
La afirmación de Trump de que Estados Unidos ha obtenido un amplio acuerdo de sus interlocutores iraníes sobre un plan de 15 puntos para poner fin a la guerra recuerda a la forma en que presentó su plan de paz de 20 puntos para Gaza en septiembre pasado.
Ignorando el hecho de que los gobernantes terroristas de Gaza habían presentado un rechazo parcial y lleno de reservas a su propuesta, declaró que Hamás estaba listo para la paz y negoció un acuerdo que, casi milagrosamente, permitió la liberación de los últimos 20 rehenes vivos tras más de dos años de cautiverio en Gaza.
Pero seis meses después, Hamás sigue gobernando a la mayoría de los gazatíes, no se ha desarmado, se está reagrupando y rearmando, y sigue decidido a destruir a Israel.
Gaza representa un desafío militar y diplomático de pesadilla, porque muchos de sus habitantes odian a Israel más que a los gobernantes terroristas que los colocan en la línea de fuego, y porque no existe un liderazgo palestino alternativo confiable
Irán podría haber sido — y aún podría ser — muy diferente. La mayoría de su pueblo repudia al régimen que los ha oprimido durante casi medio siglo. Han clamado por ayuda internacional para librarse de los ayatolás, han recurrido repetidamente a protestas masivas y han sido asesinados a tiros por decenas de miles.
Las quince condiciones que Trump planteó para poner fin a la guerra — que incluyen desmantelar permanentemente el programa de armas nucleares de la República Islámica, limitar su capacidades en lo relacionado a misiles y separarla de Hamás, Hezbolá y sus otros grupos terroristas afines — la privarían de la capacidad de amenazar a Israel, la región y el resto del mundo, y podrían significar su muerte misericordiosa… si se implementaran dichas condiciones.
Pero precisamente por eso, es imposible que el régimen las acepte.
Si no se llega a un acuerdo, Trump prometió el lunes, comprometiéndose únicamente a una pausa de cinco días que termina el sábado, «seguiremos bombardeando sin cesar».
Bueno, ya veremos. Al momento de escribir este artículo, Ghalibaf niega la existencia de negociaciones y, según informes, el régimen exige el control del estrecho de Ormuz, el cierre de las bases estadounidenses en la región y otras condiciones desmesuradas para poner fin al conflicto, lo que parece ser el escenario inevitable.
Mientras tanto, Trump continúa desplegando tropas en la región.

Policías montan guardia junto a pancartas con retratos del difunto líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, en la plaza Enqelab-e-Eslami, o Revolución Islámica, en el centro de Teherán, Irán, el 14 de marzo de 2026. (Foto AP/Vahid Salemi)
Imperativos estratégicos
La República Islámica está siendo duramente golpeada por Israel y Estados Unidos: sus instalaciones nucleares y expertos son blanco de ataques, sus lanzadores de misiles y arsenales son bombardeados, y sus fuerzas paramilitares se debilitan sin cesar. La Fuerza Aérea israelí afirma haber llevado a cabo cientos de oleadas de ataques, lanzando más de 13.000 bombas sobre objetivos militares y del régimen. Pero, como reconoció Netanyahu la semana pasada, «No se pueden hacer revoluciones [solo] desde el aire… Se pueden hacer muchas cosas desde el aire, y las estamos haciendo, pero también debe haber un componente terrestre».
Si el régimen no es derrocado, hará todo lo posible, dentro de su poder, ciertamente mermado, para revivir y reconstruirse.
Basta con ver a Hamás, que resurge ante las narices de Israel.
Basta con ver a Hezbolá – que ahora devasta el norte de Israel menos de un año y medio después de haber sido masivamente degradado y quedar sin líder, a pesar de operar en un país cuyo gobierno se opone a él y con la vecina Israel gozando de superioridad aérea y llevando a cabo operaciones constantes en su contra.

Fuerzas de seguridad y rescate israelíes en el lugar donde un misil disparado por Hezbolá desde el Líbano contra Israel causó daños en la ciudad de Kiryat Shmona, al norte de Israel, el 23 de marzo de 2026. (Michael Giladi/Flash90)
La República Islámica posterior a Ali Jamenei, si sobrevive, será una dictadura militar sin escrúpulos y con un incentivo aún mayor para desarrollar la bomba atómica. Y como Trump repitió el martes: «Si hubieran tenido un arma nuclear, la habrían usado en cuanto la consiguieron. No habrían esperado. Por eso estamos haciendo lo que estamos haciendo».
Las gestiones del presidente estadounidense con el régimen alimentan las preocupaciones, que no han hecho más que crecer en las últimas cuatro semanas, respecto a la planificación estratégica. Los ejércitos estadounidense e israelí, estrechamente aliados, habían desarrollado claramente sus tácticas de guerra, pero ¿qué hay del resultado estratégico deseado?
¿Acaso no se había comprendido el potencial de Irán para desestabilizar el suministro energético mundial? Sin duda, Trump debió reconocer que Teherán podía tenerlo contra las cuerdas, con consecuencias financieras directas para el pueblo estadounidense y para su propio apoyo interno. ¿Y acaso no hubo una interacción concertada con un posible liderazgo iraní alternativo y que defendiera la vida, ni se planificó su desarrollo?
Dado que el régimen extorsiona, como era de esperar, a gran parte de la comunidad internacional a través del estrecho de Ormuz, avanzar en la guerra requeriría que Estados Unidos desplegara fuerzas, arriesgando la vida de muchos más soldados estadounidenses, para garantizar el paso seguro por dicho estrecho – una política que el exdirector de la CIA y secretario de Defensa durante la administración Obama, Leon Panetta, recomendó a regañadientes el fin de semana.
Pero entonces, como comentó el jueves Netanyahu, que aun sonaba genuinamente optimista: «El culto a la muerte en Irán está intentando chantajear al mundo cerrando el estrecho de Ormuz… Imaginen cómo el régimen del ayatolá podría chantajear al mundo entero si tuviera misiles balísticos con ojivas nucleares».

El petrolero Shenlong Suezmax, con bandera de Liberia, que transportaba petróleo crudo procedente de Arabia Saudita y que llegó tras cruzar el estrecho de Ormuz, en el puerto de Bombay, India, el 12 de marzo de 2026. (Foto AP/Rafiq Maqbool)
En un reportaje televisivo del lunes por la noche, una fuente de seguridad israelí declaró: «No sabemos si habrá un acuerdo en un futuro próximo o si se trata de una “maniobra típica de Trump”. Pero si hay un acuerdo, y este no implica la retirada de Irán de sus 450 kilogramos de uranio enriquecido al 60%, cualquier discurso grandilocuente sobre «devastación» y «capacidad reducida» será falso. La verdad será que se trata de un fracaso épico».
Eso es seguro.
Y, de nuevo, Trump les dijo a los iraníes el 28 de febrero: «Cuando terminemos, tomen el control de su gobierno. Será suyo».
Pues no lo será, ¿verdad?, si llega a un acuerdo con personas que no son más que caras diferentes del mismo régimen.
Y por último, en cuanto a la visión de Trump sobre este acuerdo, si llega a concretarse, que traería «paz para Israel, paz a largo plazo, paz garantizada» – eso conlleva ecos históricos que preferiría ni siquiera mencionar y espero sinceramente no tener que hacerlo nunca.
Traducción: Consulado General H. de Israel en Guayaquil
Fuente: The Times of Israel
