10 Feb Charla técnica: ¿Importan los concursos de startups para los fundadores? Un nuevo estudio afirma que sí, si se realizan correctamente
Un nuevo análisis de la Universidad de Tel Aviv examina si los concursos de startups mejoran la supervivencia, el acceso a la financiación y el crecimiento, o si recompensan a los equipos que ya están posicionados para ganar.
Por Ariel Shapira

Dr. Eyal Benjamin, Escuela de Administración Coller, Universidad de Tel Aviv. (Foto: Yael Zur, Universidad de Tel Aviv)
Durante la última década, los concursos de startups se han convertido en una parte ineludible del panorama de la innovación israelí. Aparecen en universidades, conferencias, aceleradoras e incluso en programas de emprendimiento respaldados por el gobierno.
Para muchos fundadores, ofrecen una atractiva combinación de visibilidad, networking y premios económicos. Para patrocinadores e instituciones, en cambio, ofrecen una forma de apoyar la innovación sin comprometer capital a largo plazo.
Sin embargo, tras las sesiones de fotos y las presentaciones, se esconde una pregunta crucial para cualquiera que intente construir una empresa real: ¿estos concursos realmente cambian los resultados de las startups o recompensan principalmente a equipos que ya estaban en camino de alcanzar el éxito?
Un nuevo análisis realizado con el Instituto Coller de Emprendimiento de la Universidad de Tel Aviv aborda esta cuestión desde una perspectiva basada en datos, basándose en estudios académicos globales, datos de concursos a largo plazo e investigación comparativa.
Los hallazgos apuntan a una conclusión condicional pero significativa: el impacto es real, aunque dista mucho de ser automático. Los concursos de startups pueden influir en las trayectorias iniciales de las empresas mucho más allá del evento en sí, pero solo cuando se cumplen ciertos requisitos de diseño.

Ilustración de un tablero cibernético con la bandera de Israel. (Foto: FOTOGRIN. Vía Shutterstock)
Según la investigación, el patrón más consistente en diferentes países y modelos de competencia es que los fundadores que obtienen buenos resultados en competencias serias tienden a superar a fundadores similares que no lo hacen.
Los participantes en competencias parecen obtener mejores resultados en entornos tecnológicos
El estudio sugiere que las empresas que participan en competencias tienen mayores tasas de supervivencia, un acceso más rápido a inversores y trayectorias de contratación más sólidas entre los ganadores. Sorprendentemente, estos efectos se observan incluso en competencias sin grandes premios en efectivo, lo que indica que la verdadera moneda podría ser la credibilidad, más que el capital.
Sin embargo, incluso los equipos que no ganan a menudo se benefician de maneras importantes. Los fundadores describen las competencias como un mecanismo de fuerza que condensa meses de reflexión en un período corto e intenso.
Prepararse para una presentación, afrontar preguntas difíciles y recibir retroalimentación estructurada de expertos en el sector impulsa a los equipos a articular sus suposiciones, refinar su enfoque de mercado y tomar decisiones que de otro modo podrían posponer.
Este efecto de aceleración, aunque difícil de medir, se cita repetidamente en investigaciones tanto cualitativas como cuantitativas como un factor clave en el desarrollo inicial de empresas. Es especialmente relevante en la cultura israelí, impulsada por los fundadores, donde los equipos suelen actuar con rapidez, pero les cuesta detenerse y reevaluar los fundamentos.
La investigación también deja claro que no todas las competiciones son iguales. Los efectos más fuertes y duraderos se encuentran en las competencias integradas en ecosistemas empresariales más amplios, en lugar de en aquellas que se construyen como eventos independientes.
Las competiciones universitarias, como la $100K del MIT, la New Venture Competition de Harvard, los desafíos afiliados a Stanford y la Coller Startup Competition de la Universidad de Tel Aviv, funcionan menos como concursos de talentos y más como puentes entre instituciones de investigación, inversores y comunidades emprendedoras.
Su impacto no termina cuando se apagan las luces del escenario, ya que se desarrollan en entornos que combinan infraestructura académica, tutorías, acceso a inversores y, a veces, incluso vías de comercialización de la investigación.
El estudio también reconoce las desventajas de lo que algunos llaman «cultura de la presentación». Un pequeño pero notable subgrupo de fundadores se convierte en competidores empedernidos, perfeccionando sus presentaciones y habilidades de presentación sin generar clientes ni ingresos.
Si bien esto puede crear la ilusión de progreso, rara vez se traduce en resultados comerciales duraderos. Korbet argumenta que este fenómeno no invalida las competiciones, sino que resalta la importancia de un diseño disciplinado, expectativas claras y un seguimiento a largo plazo.
Quizás la conclusión más sorprendente de la investigación es que el ecosistema global de la competición adolece de una brecha de medición. La mayoría de las competiciones muestran historias de éxito y titulares de recaudación de fondos, pero pocas registran los cambios resultantes de la participación.
Sin datos longitudinales, resulta difícil separar los efectos de la selección (equipos fuertes que obtienen buenos resultados en todas partes) de los efectos del tratamiento (la competición realmente cambia su trayectoria). Para los organizadores, patrocinadores y legisladores israelíes, esta brecha representa una oportunidad.
Las competiciones que invierten en el seguimiento de las tasas de supervivencia, indicadores indirectos de ingresos, tasas de cierre y plazos de financiación no solo demuestran su propio valor, sino que también contribuyen a la profesionalización del sector.
En definitiva, los hallazgos sugieren que las competiciones de startups no son pura publicidad ni magia. Pueden apoyar significativamente a las empresas en fase inicial cuando se comportan como infraestructura de mercado, en lugar de ser eventos puntuales.
La pregunta más relevante para cualquier organizador, inversor o responsable de políticas es simple: ¿qué facilita esta competición que los fundadores no podrían acceder sin ella?
Cuando la respuesta es capital, credibilidad, aprendizaje acelerado o redes estratégicas, la competición se convierte en algo más que un espectáculo: se convierte en una palanca de valor económico. Y en una economía de innovación tan competitiva y con recursos limitados como la de Israel, esa distinción es crucial.
Traducción: Consulado General H. de Israel en Guayaquil
Fuente: The Jerusalem Post
