27 Ene «Nunca más» es una prueba moral, no una ceremonia: ¿Por qué se sigue atacando a los judíos en todo el mundo? – Opinión
El martes, la ONU celebra una ceremonia en conmemoración del Día Internacional de Conmemoración del Holocausto, pero no ha aprendido las lecciones del pasado.
Por Danny Danon

Al acercarse el Día Internacional de Conmemoración del Holocausto, nos preguntamos si las lecciones del pasado nos han enseñado algo. (Foto: SHUTTERSTOCK)
El Día Internacional de Conmemoración del Holocausto busca detener el tiempo para forzar al mundo a confrontar el asesinato industrial de seis millones de judíos a manos de los nazis y sus colaboradores.
Recordamos estas atrocidades porque se supone que la memoria protege el futuro y porque la educación busca prevenir su repetición. Pero honrar a las víctimas exige más que un ritual; exige responsabilidad.
Por eso, año tras año, se celebran ceremonias de conmemoración en instituciones como las Naciones Unidas. Este organismo se creó sobre la base del propio Holocausto, con la promesa de que el mundo no volvería a permanecer en silencio mientras el odio escalaba hasta la aniquilación.
Pero la conmemoración sin acción es vana.
Porque mientras se pronuncian palabras solemnes, el pueblo judío es atacado en todo el mundo por ser judío. El antisemitismo se extiende a una velocidad alarmante, y las instituciones construidas para enfrentar el odio con demasiada frecuencia facilitan las narrativas perniciosas que lo sustentan.
La historia enseña una dura verdad: el genocidio no comienza con asesinatos en masa. Mucho antes, comienza con una deshumanización gradual. Con un lenguaje que deslegitima a un pueblo. Con mentiras repetidas hasta parecer verdades y con una confusión moral disfrazada de neutralidad.

Auschwitz, Polonia (Foto: CHEN SCHIMMEL)
De las palabras a la violencia: la escalada del antisemitismo
Tan solo en el último año, sinagogas han sido atacadas con bombas incendiarias. Festividades judías se han convertido en terrenos de caza, con la masacre de la playa Bondi en Janucá y el atentado terrorista de Mánchester en Yom Kipur.
Parques infantiles de Brooklyn han sido profanados con esvásticas. Restaurantes kosher han sufrido vandalismo. Supervivientes del Holocausto han vuelto a lanzarse encima a sus seres queridos para protegerlos de los disparos.
El odio que comienza con palabras no se queda en palabras. Se propaga. Se legitima. Y, finalmente, mata.
Hoy en día, el antisemitismo a menudo se disfraza de hostilidad hacia Israel. Aparece en cánticos que incitan a la violencia, en campus donde se les dice a los estudiantes judíos que no pertenecen, y en una retórica que trata la autodeterminación judía como algo singularmente ilegítimo.
Cuando la violencia se justifica por ser judío, es antisemitismo. Cuando se justifica porque alguien es israelí – o porque cree que el pueblo judío tiene derecho a un Estado – no es diferente.
Las instituciones deben reconocer honestamente su papel en este momento.
El odio no se fortalece por sí solo. Lo impulsa la autoridad. Cuando se repiten afirmaciones falsas desde plataformas internacionales, éstas no se quedan encerradas en las salas de conferencias.
Recorren el mundo con su sello de legitimidad y se consolidan como creencias. Se convierten en cánticos en las calles y amenazas en los campus.
Por eso este momento importa.
La buena noticia es que hoy no es 1941. El pueblo judío ya no está indefenso. Tenemos a Israel.
Mientras aún nos enfrentamos a regímenes genocidas como Hamás y la República Islámica de Irán, que siguen intentando hacer lo que los nazis no lograron — borrarnos — contamos con un ejército formidable que nos protege.
Los días en que los judíos eran masacrados sin respuesta ni consecuencias han terminado. Esto es lo que significa dejar de estar indefensos. Esto es lo que realmente significa «Nunca Más». Israel nunca permitirá que ocurra un segundo Holocausto.
Solidarizarse con Israel no significa estar de acuerdo con nosotros en todo.
Significa hacerle frente al terror ciego e indiscriminado.
Significa confrontar el odio antes de que se convierta en violencia.
«Nunca Más» no es un lema reservado para días conmemorativos. Es un deber que exige claridad, valentía y acción inmediata. La historia nos observa.
El autor es el representante permanente de Israel ante las Naciones Unidas.
Traducción: Consulado General H. de Israel en Guayaquil
Fuente: The Jerusalem Post
