14 Nov Israel: avance científico que revolucionará el mercado de la carne cultivada
El hallazgo de células “inmortales” sin intervención genética marca un punto de inflexión para la industria alimentaria. Europa, EE.UU. y China observan con atención.
Rafael Kahan
Investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusalem, en colaboración con la empresa israelí Believer Meats, anunciaron un avance científico que podría transformar el mercado global de la carne cultivada. En un estudio publicado en la prestigiosa revista Nature Food, demostraron que células de res pueden adquirir espontáneamente la capacidad de dividirse indefinidamente —una forma de “inmortalidad celular”— sin necesidad de ingeniería genética ni de convertirse en células cancerosas.
Reiniciar el reloj biológico
Este hallazgo supera un obstáculo científico y regulatorio que hasta ahora había limitado la producción industrial de carne cultivada de res a precios accesibles, y posiciona a Israel como un centro de conocimiento global en el área. Hasta hoy, la opinión dominante en la investigación internacional sostenía que para obtener líneas celulares bovinas estables era necesario modificar genéticamente las células, a diferencia de las de pollo, donde ya se había logrado un proceso similar. El nuevo estudio desafía esa suposición.

Carne cultivada. Se halló una tecnología para producirla masivamente. (Shutterstock)
El profesor Yaakov Nahmias, líder del equipo de investigación, explicó que cultivaron células de res de las razas Holstein y Simmental durante más de 500 días. Al cabo de unos 180 días, se observaron signos de envejecimiento celular y una desaceleración en el crecimiento. Sin embargo, la persistencia dio frutos: tras unas 240 generaciones de división, surgieron células que comenzaron a renovarse espontáneamente, manteniendo un ritmo de crecimiento estable y sin volverse malignas. El análisis molecular reveló que el fenómeno está vinculado con la activación natural de las enzimas telomerasa y PGC1α, que permiten a las células “reiniciar” parte de su reloj biológico.
El doctor Elliot Schwartz, del instituto estadounidense The Good Food Institute, citado en el estudio, señaló que los hallazgos ofrecen una “hoja de ruta” para desarrollar líneas celulares sin ingeniería genética en diversas especies utilizadas en la industria alimentaria.
El eslabón que la industria estaba buscando
La capacidad de generar líneas celulares estables, seguras y escalables sin modificación genética representa una solución a dos desafíos críticos en la industria de la carne cultivada. El primero es el regulatorio: muchos países exigen que las células utilizadas no hayan sido modificadas genéticamente. Este nuevo enfoque podría agilizar los complejos procesos de aprobación, especialmente en Europa, donde las normas de “alimentos nuevos” (Novel Food) son de las más estrictas del mundo.
El segundo desafío es económico: el costo y la eficiencia de producción. Las líneas celulares estables permiten una fabricación continua a escala industrial sin necesidad de recolectar células repetidamente de animales vivos, lo que podría reducir significativamente los costos, hasta ahora el principal obstáculo para la producción masiva.

Ganado vacuno. La necesidad de producir carne cultivada se ha vuelto estratégica. (Reuters)
Este logro israelí se suma a una tendencia creciente en la industria local y global. Israel ya se ha convertido en pionera mundial en el sector, luego de que el Ministerio de Salud aprobara a principios de 2024 la comercialización de carne cultivada de res de la empresa Aleph Farms —el primer producto de este tipo autorizado en el mundo. Esta aprobación colocó a Israel por delante de Estados Unidos y Singapur, que hasta ahora sólo han autorizado productos de pollo cultivado (como los de Upside Foods y Good Meat).
Una necesidad estratégica
A nivel internacional, varios gobiernos ven en la carne cultivada una solución estratégica. En Estados Unidos y Singapur se ha avanzado en la aprobación de productos avícolas, pero la tecnología para carne de res aún requiere avances significativos como el logrado en Israel.
En China, bajo sus planes quinquenales para agricultura y reducción de emisiones, se han invertido recursos en proteínas alternativas, y ya se han firmado acuerdos millonarios con empresas tecnológicas israelíes del sector. En 2017, por ejemplo, China firmó un acuerdo comercial con Israel que incluía un componente importante en carne cultivada, valorado en unos 300 millones de dólares.
En Europa, en cambio, los prolongados procesos regulatorios de la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) siguen retrasando la entrada de estos productos al mercado. Sin embargo, desarrollos como las “células inmortales” podrían cambiar el panorama y ayudar a las empresas europeas a avanzar.

Hay rabinos que sostienen que, además, la carne cultivada es un alimento kosher. (Gentileza)
Un camino más natural para la carne cultivada
El nuevo estudio propone una alternativa a los enfoques existentes. Mientras otras compañías han recurrido a la ingeniería genética —como se informó en una investigación de la Universidad Tufts en EE.UU.— para lograr células con división ilimitada, el enfoque israelí ofrece una vía más “natural”.
Esta tecnología recuerda los desafíos iniciales de industrias como la de antibióticos o energías renovables: altos costos, producción limitada y dudas regulatorias. Así como el desarrollo de levaduras modificadas revolucionó la industria farmacéutica, las líneas celulares bovinas israelíes podrían convertirse en una plataforma para producir tejidos musculares y grasos de forma continua y económica, reduciendo la dependencia de la ganadería —una actividad intensiva en recursos que contribuye a las emisiones de gases de efecto invernadero y al consumo excesivo de agua.
El estudio también aporta una perspectiva biológica fascinante relacionada con la “paradoja de Peto”, que plantea por qué los animales grandes, con más células, no presentan necesariamente tasas más altas de cáncer. En cualquier caso, si se supera la etapa de producción industrial, la carne cultivada dejará de ser un producto de nicho y podría llegar al plato de millones, ayudando a mitigar la crisis climática y la lucha contra el hambre.
Fuente: Ynet Español
