Los «periodistas» de Gaza son agentes de Hamás, no héroes de la prensa – opinión

En Gaza, no hay periodismo independiente – solo agentes de Hamás haciéndose pasar por reporteros. A la verdad se la esconde bajo una credencial de prensa, manipulando las narrativas globales.

Por Pesach Wolicki


Mohammed Salama, de Al Jazeera, fue un terrorista que participó personalmente en la invasión de Israel el 7 de octubre, argumenta el autor.
(Foto: REUTERS)

Todos vimos los titulares. El lunes pasado, cinco periodistas murieron en un ataque israelí contra un hospital en Khan Yunis. Medios de comunicación de renombre como Reuters, AP y Al Jazeera afirmaron haber perdido reporteros. El relato fue inmediato y predecible: Israel ataca a la prensa libre, otra mancha negra para el Estado judío. Pero dejemos de fingir. No hay periodismo en Gaza. Solo existen Hamás y sus propagandistas.

Hamás no tolera la información independiente. Todo el mundo lo sabe. La única pregunta es por qué los medios occidentales siguen fingiendo lo contrario. El Comité para la Protección de los Periodistas – lejos de ser un portavoz sionista – ha publicado testimonios de reporteros de Gaza que hablaron de intimidación, amenazas y palizas.

Un veterano, Tawfiq Abu Jarad, recibió una llamada telefónica advirtiéndole que no cubriera una protesta contra Hamás. Obedeció porque Hamás ya lo había agredido una vez. Otro equipo fue atacado por la policía de Hamás mientras filmaba, y el asunto se «resolvió» discretamente mediante la mediación de los clanes.

La mayoría de los «periodistas» de Gaza no son periodistas en absoluto. Investigadores independientes – más recientemente el analista Eitan Fischberger – han revelado la verdad sobre las víctimas del ataque del lunes. No eran reporteros neutrales. Formaban parte de la maquinaria de Hamás.

Mohammed Salama, de Al Jazeera, fue un terrorista que participó personalmente en la invasión de Israel el 7 de octubre. Mariam Abu Daqqa, de Associated Press, impartió cursos de «periodismo» para el “Ministerio de Información” de Hamás.


El periodista palestino Ahmed Abu Aziz. (Foto: Ahmed Abu Aziz vía Facebook vía REUTERS)

Ahmed Abu Aziz celebró la masacre del 7 de octubre en redes sociales, calificándola de «el día más grande de nuestra generación» mientras lloraba la pérdida de sus compañeros combatientes de Hamás. Terroristas, operativos, portavoces del régimen – llámenlos como quieran, pero no los llamen periodistas.

Esto no es nuevo. Investigadores de fuentes abiertas como @MiddleEastBuka han documentado docenas de casos en los que «periodistas» asesinados en Gaza fueron elogiados en obituarios como «muyahidines» (yihadistas).

Mohammad Abu Daqqa, etiquetado como periodista, fue celebrado como un «muyahidín heroico», un guerrero yihadista, con fotos que lo mostraban sosteniendo un Kalashnikov. Anas Abu Shamala, miembro de la unidad de élite Nukhba de Hamás que lideró las atrocidades del 7 de octubre, seguía siendo considerado un «periodista independiente».

Luego está Anas al-Sharif, de Al Jazeera. En el extranjero, fue celebrado como un corresponsal intrépido. En Gaza, publicó una selfie sonriente con Yahya Sinwar, el cerebro del 7 de octubre. La lista es interminable. Hamás viste a sus agentes con chalecos de prensa. Los medios occidentales los presentan como mártires de la libertad de expresión.

Validar la narrativa de Hamás lo empeora

Lo que empeora las cosas es que el propio Israel valide la narrativa de Hamás. El primer ministro, Benjamín Netanyahu, y el portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel describieron el ataque de Khan Yunis como un «trágico error». Pero no fue un error. El hospital estaba siendo utilizado como base de vigilancia de Hamás e incluso, según algunos relatos, como lugar para retener a rehenes israelíes.

Según informes, oficiales de campo están furiosos con el primer ministro por disculparse por lo que era un objetivo militar legítimo. Cualquier baja es responsabilidad exclusiva de Hamás: moralmente, por integrar a sus combatientes entre la población civil, y legalmente, según las Convenciones de Ginebra. Al disculparse, los líderes israelíes le dieron a Hamás un regalo propagandístico que no merecía.

El escándalo no termina en Gaza. Tiene repercusiones profundas en las redacciones occidentales. El ex reportero de Associated Press, Matti Friedman, ha denunciado cómo la censura de Hamás influyó en la cobertura desde dentro.

En un caso, Friedman escribió un artículo que mencionaba que combatientes de Hamás se hacían pasar por civiles. Presionados por Hamás, los editores de AP eliminaron ese detalle crucial. Friedman protestó por la censura y solicitó que, como mínimo, el artículo reconociera que había sido censurado. Sus editores rechazaron su solicitud. No hubo descargo de responsabilidad. AP cumpliría con la exigencia de Hamás, punto.

En otro caso, una exclusiva sobre la amplia oferta de paz de Ehud Olmert de 2008 — el tipo de historia que podría haber demostrado la seriedad de Israel para poner fin al conflicto — fue sepultada por la insistencia de Hamás. Esto no es periodismo; es colaboración. Hamás dicta la narrativa, los medios occidentales la repiten y el mundo la absorbe por completo.

Las consecuencias son enormes. Cuando a los operativos de Hamás con chalecos de prensa se les considera periodistas, se acusa a Israel de librar una guerra contra la libertad de expresión. Cuando todos los informes que salen de Gaza han sido aprobados previamente por Hamás, la opinión pública mundial no está informada; es manipulada. Y cuando los pocos que se atreven a desafiar a Hamás intentan decir la verdad, son brutalmente silenciados. Sus historias nunca ven la luz del día.

Los cinco muertos del lunes fueron llorados como periodistas. Pero las pruebas cuentan una historia diferente: eran operativos de Hamás, soldados en la guerra de desinformación del grupo terrorista. Esta es la realidad. No hay prensa libre en Gaza. No hay periodismo independiente. Solo existe Hamás. La verdad se desvanece en Gaza, y Hamás la entierra con una credencial de prensa.

El autor es director ejecutivo de Israel365action.com y presentador del podcast Shoulder to Shoulder.

 

Traducción: Consulado General H. de Israel en Guayaquil
Fuente: The Jerusalem Post



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