El Líbano se encuentra cautivo de Nasralá y Hezbolá

Análisis. Los ciudadanos libaneses suplican a Hezbolá que les proporcione alimentos y temen ser reclutados por su ejército.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, que estuvo junto al primer ministro libanés, Najib Mikati, se negaron a hacer declaraciones el sábado tras su reunión, pero según informes en Washington y Beirut ninguno de los dos pudo pronunciar el nombre de «Hezbolá» en su conversación.

Mikati, según los informes, imploró al máximo diplomático estadounidense que propiciara un alto el fuego «en Líbano y en Gaza y, si no en Gaza, al menos en Líbano» durante 48 horas, para que los residentes pudieran recuperarse.


El secretario de Estado estadounidense Antony Blinken se reúne con el Primer Ministro libanés Najib MIkati.
(Reuters)

Blinken, según se informó, comentó que lo había intentado, pero que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, rechazó la posibilidad. Pero Mikati no se dio por vencido. «Dígale que en Líbano cumplimos la resolución 1701 de la ONU y que garantizaremos el cese del fuego», habría dicho.

Blinken replicó que Netanyahu «no está dispuesto a escuchar».

Antes de partir para su visita sorpresa a Ammán, capital de Jordania, camino de la reunión con Blinken, Mikati aún tuvo tiempo de dirigirse al Parlamento.

«Elijan por fin un presidente permanente. No quiero ni necesito este cargo», les recomendó a los parlamentarios libaneses.


Hasan Nasralá, líder de Hezbolá.
(AFP)

No es la primera vez que el multimillonario empresario -que tiene empresas en Europa, África y Estados Unidos, pero pocos intereses financieros en Líbano-, intentaba sin éxito librarse de seguir ejerciendo como presidente en funciones. Al menos 12 intentos de llegar a un acuerdo sobre quién debe ocupar el cargo fracasaron.

«Un día descubrirán que me he ido a casa y que no hay nadie sentado en la silla presidencial», amenazó Mikati en el pasado.

No hay cifras exactas sobre el tamaño de la población del Líbano, compuesta por al menos siete grupos étnicos diferentes. Se calcula que hay 5,3 millones de residentes, en su mayoría empobrecidos, y muchos, sobre todo en el sur del país, están en constante preparación para abandonar sus hogares en caso de que tengan que huir -como los residentes del sur de Israel- para escapar de los combates entre las fuerzas del FDI, Hezbolá y facciones palestinas a lo largo de la frontera, mientras que otros esperan trasladarse a las naciones del Golfo, donde podrían ganarse la vida.


Las FDI se agrupan en la frontera con Líbano tras los indicios de una escalada que se puede convertir en guerra.
(Ynet)

Las instituciones del país que no están bajo el control de Hezbolá, incluidas las escuelas cerradas y los hospitales que vieron cómo la mayoría de sus equipos médicos abandonaban el país, se encuentran en una situación desesperada debido a la escasez de alimentos y medicinas.

Piden ayuda a Hezbolá y, aunque algunas tiendas volvieron a abrir, la mayoría de los libaneses no pueden permitirse comprar carne, huevos o verduras.

«Vivimos a base de pan de pita y judías», explica Mohammedin, de 16 años, al que enviaron a la tienda de comestibles del barrio con billetes de una libra libanesa con los que no podría pagar ni la mitad de artículos que necesitaba.


El vehículo que Israel habría atacado en el sur del Líbano, motivo por el cual Hezbolá lanzó misiles antitanque contra el país, dejando el saldo de un muerto.
(Ynet)

La agencia de ayuda de Hezbolá reparte excedentes de alimentos entre sus ciudadanos, pero los jóvenes libaneses tienen prisa por huir, por miedo a ser reclutados por el grupo respaldado por Irán, que se mostró dispuesto a acoger en su ejército de unos 200.000 efectivos a combatientes que no sean chiíes.

El veterano presidente del Parlamento, Nabih Berry, que es chií, se encuentra instando a los libaneses a unirse al grupo terrorista.

Hezbolá publicó fotos de la visita de altos cargos de Hamás al líder del grupo, Hasán Nasralá, pero incluso a éstos se les hizo viajar en círculos para evitar que identificaran la ubicación del escondite del líder terrorista. Sabe cómo navegar por los lazos políticos con Mikati.


Blinken en Bagdad, Irak.
(AFP)

Ambos hombres entienden cómo no cruzar la línea después de que el líder de Hezbolá prometiera no poner en peligro la vida de los civiles libaneses, y Mikati se cuida de no enfrentarse frontalmente a Nasralá.

Lo único que le queda a la desesperada población de ese país es expresar su rabia y frustración en las redes sociales burlándose de Nasralá y llamándole asesino incalificable.

Algunos incluso tienen la esperanza de que Israel los libere de su dominio sobre el país, aunque sea a costa de ellos.

 

Fuente: Ynet Español
https://www.ynetespanol.com/global/opinion/article/b1zkbliqa



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