Akko: mujeres árabes les enseñan a los visitantes a cocinar platos tradicionales

El Centro Beit Elfarasha vincula a la población local del puerto norte de Israel con los turistas interesados en la rica y diversa herencia de la antigua ciudad cruzada.


A la izquierda, Manar Kordi con Cathy Raff en la cocina de Beit Elfarasha. Foto: Diana Bletter

Cathy Raff saluda con orgullo local a los visitantes en su centro de talleres Beit Elfarasha ubicado en la Ciudad Vieja de Akko (Acre).

Da igual que se haya criado en Georgia, al sur de EEUU porque en 1985 Raff se mudó a Israel cuando tenía 25 años.

En una visita a Akko luego de casarse con el empresario Alon Bar-Shany, se preguntó: “¿No sería increíble tener una casa aquí?”.

Después de que el matrimonio comprara un edificio abandonado en un pintoresco callejón empedrado de la Ciudad Vieja de Akko, Raff dijo: “Quería hacer algo más. Tenía el sueño de trabajar con mujeres locales”.

Así, en diciembre de 2020,abrió Beit Elfarasha (Casa de las Mariposas, en árabe), un centro donde las mujeres árabes locales dan talleres de cocina en los que les enseñan a los visitantes a hacer platos tradicionales mientras comparten historias.

 Raff afirmó que desde que nació Beit Elfarasha cientos de personas participaron de esos talleres. Desde israelíes hasta una mujer de Dubái ya disfrutaron de las actividades culinarias.

“La gente es hermosa”


Cathy Raff junto a la puerta principal de Beit Elfarasha. Foto: Nura Kordi

Beit Elfarasha está ubicado en una construcción de la era otomana con partes que se remontan a la época de los cruzados.

Raff y Bar-Shany lo renovaron y añadieron una cocina profesional con espacio de trabajo para 22 personas. El centro también cuenta con dos suites para que los huéspedes pasen la noche.

La mujer afirmó que su objetivo principal siempre ha sido el de brindarles a los turistas la oportunidad de conocer a la gente local.

“La gente venía a visitar a Akko y luego se iba. No había contacto entre visitantes y locales. Así como esa ciudad es tan hermosa, la gente local lo es aún más. Son cálidos y hospitalarios y están orgullosos de su diversa herencia diversa”, expresó.

Raff se siente así a pesar de los disturbios de mayo de 2021, cuando alborotadores destruyeron el interior del edificio.

A pesar del mal trago, la mujer dijo que sus vecinos colaboraron para ayudar a restaurar el centro.

“También hay una maravillosa camaradería entre los dueños de casas de huéspedes en la Ciudad Vieja de Akko, ya sean cristianos, musulmanes o judíos”, dijo Raff.
Y añadió que “la situación parece estar bien de nuevo”.

Hacer conexiones sobre la comida

Con el fin de hallar a las mujeres que dirigieran los talleres de cocina, Raff organizó un concurso al estilo Master Chef y los jueces eligieron a varias que nunca pensaron en la cocina como profesión.

El famoso chef de Galilea Erez Komarosky, fundador de la cadena de panaderías Lechem Erez, se ofreció como voluntario para dar el primer taller de cocina en Beit Elfarasha para mostrarles a los cocineros cómo se hace.

 Raff explicó que Beit Elfarasha brinda hoy oportunidades de empleo para las mujeres locales además de presentarse ante los visitantes a la comunidad.


Fatayer, un pastel local hecho en un taller de cocina en Beit Elfarasha. Foto: Cathy Raff

La mujer consideró que no hay mejor manera de hacer conexiones que con la comida: “Aquí no se trata de política sino de una excelente manera de comenzar a aprender unos de otros. Después de un taller de cocina, los visitantes se van de aquí sintiendo que tienen un amigo en Akko”.

En estos días, Beit Elfarasha emplea a tres mujeres locales que realizan talleres que enseñan cómo preparar platos que pueden ser básicos para las familias de Akko pero exóticos para los visitantes.

Entre ellos, el maqluba, una ración de pollo con arroz y verduras.


A la izquierda, Manar Kordi dirige un taller de cocina. Foto: Cathy Raff

Los participantes pueden comprar especias frescas para llevarse así como aceite de oliva local y jabones caseros.

“Es una forma de empoderar a las mujeres. Aquí aprenden a mantenerse a sí mismas a través de sus habilidades”, indicó.

Compartir tradiciones

Manar Kordi (45) es una de las cocineras del centro. Ella puede rastrear sus raíces en Akko hasta unas cuatro generaciones atrás.

Kordi solía ​​trabajar en la tienda de recuerdos de su familia en el mercado de la Ciudad Vieja pero se fue cuando comenzó la pandemia de COVID-19 y la tienda cerró.

Su hija Nura ya había comenzado a trabajar como directora trilingüe en Beit Elfarasha. “Nura me dijo: ‘Mamá, necesitamos mujeres para cocinar, ¡ven! Y desde entonces ha sido muy divertido”, afirmó.

Kordi explicó que le encanta presentar la cocina local de Akko a los invitados porque “la comida es el idioma de todos”.


Tina Khatib, una de las líderes del taller de Beit Elfarasha, les enseña a los participantes cómo hacer maqluba. Foto: Cathy Raff

Para ella es muy importante es compartir sus tradiciones: “Aprendí a cocinar de mi madre, quien lo aprendió de la suya. Estos platos se han transmitido de generación en generación”.

Tamar Krichevsky visitó Akko con diez familiares y amigos y se inscribió en un taller con Kordi en Beit Elfarasha.

“Teníamos curiosidad por aprender nuevos platos. La comida era deliciosa. Aprendimos mucho y esta experiencia durará mucho tiempo”, dijo Krichevsky.

Raff le contó a ISRAEL21c en Español que eligió el nombre Beit Elfarasha porque “una mariposa pasa por una metamorfosis y cambia, y esperamos que los visitantes cambien su actitud hacia otras personas”.

La mujer de origen estadounidense trabajaba de fotógrafa profesional, a menudo haciendo fotos de comida.

Hoy, su trabajo en Beit Elfarasha combina todas sus pasiones en un solo lugar.

“Akko es mágica”, concluyó.

 

Fuente: Israel 21C
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