La abogada beduina que hizo historia en Israel


Un beduino israelí vota en la ciudad de Rahat.
AFP

May Alhajoj, de 27 años, es la primera mujer beduina en ingresar a la fiscalía del Estado. “Tuve que hacer un esfuerzo doble”, relata la joven que tuvo que aprender hebreo a través de clases privadas. Afianzada en su carrera, hoy revela su sueño: convertirse en jueza de la Corte Suprema.

Ya desde que estudiaba en la escuela primaria May Alhajoj soñaba con convertirse en abogada. Y hace un año pudo cumplir su sueño de convertirse en la primera mujer beduina de Israel en ingresar a la fiscalía del Estado.

“Siempre me interesó el campo penal. Había series de televisión que me atraían mucho, como una japonesa del detective Conan que investigaba homicidios, y en casa tenía todos los libros de Agatha Christie que mis padres me dejaron leer a partir de los 12 años”, recuerda Alhajoj, a los 27 años, con una sonrisa que la devuelve a la infancia y explica su vocación por el derecho.


May Alhajoj, de 27 años, abogada.
(Jaim Horenshtein)

Según ella, su vocación marcó su personalidad desde una edad muy temprana: “Me gusta pensar por fuera de la caja y los abogados deben reflexionar profundamente sobre todo, pensar cuidadosamente las implicancias de cada pequeño detalle”, afirma. Pero el camino de todas maneras no resultó fácil: estudió derecho en el instituto Sapir y era la única mujer beduina entre 120 alumnos.

“Fue un proceso de admisión muy difícil porque el nivel de la educación en el sector beduino es muy bajo”, asegura la joven que aprendió hebreo a través de cursos privados pagados por sus padres, ya que su escuela de Rahat no ofrecía un sistema educativo adecuado. “Mis compañeros de escuela eran talentosos, se esforzaban y querían triunfar, pero no tenían las condiciones básicas adecuadas ni el dinero para pagar clases privadas”, cuenta.

Alhajoj aprendió hebreo a través de cursos privados pagados por sus padres, ya que su escuela de Rahat no ofrecía un sistema educativo adecuado.

Así fue que a los 18 años, en inferioridad de condiciones, comenzó sus estudios superiores. Antes tuvo que superar una prueba especial por su condición de beduina: demostrar que manejaba el idioma hebreo en un nivel suficiente como para afrontar los estudios. En este punto Alhajoj destaca el apoyo que recibió de Nir Keidar, jefe del departamento de derecho, quien le instruyó que leyera y resumiera tres libros en hebreo relacionados al derecho. “Lo hice durante todo un año y llegado el día me preguntó: ´¿Qué vas a hacer si hoy no te aceptan?´. Le dije que preguntaría por qué me rechazaban y que al año siguiente ese motivo ya no iba a ser relevante”.

Alhajoj fue admitida, se graduó con un promedio alto y luego fue aceptada para una maestría en la Universidad de Tel Aviv. “En la entrega del título fui la única árabe del sur de la ceremonia”, señaló sobre el paso previo al ingreso a la fiscalía del Estado, un lugar al que siempre aspiró y que considera “un trabajo que amo y una misión pública muy importante”.


Alhajoj aspira a integrar la Corte Suprema de Justicia de Israel.
(EPA)

“En mi entrevista de admisión me preguntaron dónde me veía en el futuro. Dije que dentro de 5 años me veía en un puesto de alto nivel en la fiscalía, y que dentro de muchos años me gustaría ser una fiscal de distrito o jueza de la Corte Suprema”, augura.

En 2020 creció el número de trabajadores árabes de la fiscalía del Estado y representan un poco más del 8% del staff total. El caso de Alhajoj enseña que la educación es fundamental para avanzar y romper fronteras. “El cambio debe comenzar con la conciencia del sector sobre la importancia de la educación y el desarrollo profesional, y el Estado también debe invertir más dinero y brindar apoyo”, reflexiona.

 

Fuente: Ynet Español
https://www.ynetespanol.com/tendencias/historias/article/bygxmzvsk