Daniel Wolfson, la primera mujer israelí en conquistar el Everest

Cima del monte Everest.
Shutterstock

Diez años después de un accidente grave en un teleférico que casi la deja fuera de las pistas, la montañista de 43 años cumplió el sueño de su vida. “Estoy en el techo del mundo. Solo me queda el descenso”, escribió en sus redes sociales.

La primera mujer israelí en hacer cumbre en el Everest, Daniel Wolfson, de 43 años, publicó esta mañana (domingo) en su página de Facebook un mensaje para quienes siguen su travesía: «¡Estoy en la cima! En este preciso instante llegué a la cima del Everest. Estoy en el techo del mundo. Prometo mantenerlos al tanto, ahora solo queda el descenso”.

«En este preciso instante llegué a la cima del Everest. Estoy en el techo del mundo. Ahora solo queda el descenso”

Mensaje de la montañista israelí en Facebook

Durante el camino, Daniel compartió algunas de las dificultades que presentaba el camino. «Me voy emocionando (se puede notar en mi voz) a medida que pasan los días, y me voy acercando un paso más a la meta de este viaje que es la cima del Everest, la montaña más alta del mundo», escribió el 11 de mayo. “Todos los entrenamientos y todas las montañas que subí no me prepararon para la enorme dificultad de este viaje, pero mi mente es fuerte y voy a seguir. Ahora bajamos a descansar dos días a 4.000 metros. Tal vez hasta me pueda dar una ducha de agua caliente. Luego regresaremos y comenzaremos el ascenso hacia la cima», contó.

La montañista Daniel Wolfson en el aeropuerto Ben Gurión, antes de partir a su aventura.
(Amit Shaal)

Hace diez años Daniel cayó de un teleférico en Bulgaria. Los médicos le dijeron que no podría volver a la montaña.

Hace aproximadamente un mes, la escritora israelí Semadar Shir escribió para Yedioth Ahronoth y Ynet la historia de Wolfson. Hace diez años se cayó de un teleférico mientras esquiaba en Bulgaria. Los médicos le dijeron en esa oportunidad que no podría volver a la montaña. «Me desperté conectada a un montón de tubos», contó Wolfson en esa entrevista. «Me explicaron que me había roto el fémur y que me habían implantado platino. Tengo platino en toda la pierna derecha».

Ya en su estadía en el hospital de Sofía, la capital búlgara, la montañista se había propuesto su próxima meta. “Sentí que tenía que hacer algo más allá de mis posibilidades. Fue un pensamiento alucinante, al borde de la locura. Hace diez años, no sabía nada sobre escalada, excepto que el Everest es la montaña más alta del mundo».

El estricto cronograma del ascenso que la montañista compartió en sus redes sociales.
(Facebook)

En la conversación con la escritora, Wolfson contó además que «los médicos durante la rehabilitación no eran muy optimistas. Me decían que solo iba a poder caminar con bastón. Durante los ocho meses que duró la rehabilitación, esas palabras me entraban por un oído y me salían por el otro. Cada vez que me decían ‘no’, yo pensaba ‘sí’. Soy obstinada, es parte de mi educación rusa».

Wolfson explicó que su ascenso al Everest implicaba un estricto cronograma. «Hay una ventana de tiempo en la que uno puede subir a la cima del Everest», indicó. “Suele ocurrir del 19 al 25 de mayo, luego de un mes y medio de aclimatación en el terreno. Esto significa que el 11 de abril tengo que aterrizar en Katmandú, continuar hasta el aeropuerto de Lukla y desde allí comenzar una caminata de diez días, junto con el grupo, al Campamento Base que se encuentra a una altitud de 5.400 metros sobre el nivel del mar”, señaló.

Daniel Wolfson en Katmandú, antes de escalar.
(Álbum privado)

“Subimos hasta el campamento 1 y volvemos a la base. Subimos al campamento 2, volvemos a la base. Y así sucesivamente. Solo después de la aclimatación y el entrenamiento se elige el día más adecuado para hacer cumbre. Desde el campamento base subimos al campamento 1 y dormimos allí, al día siguiente subimos al campamento 2 y dormimos allí, en la tercera noche dormimos en el campamento 3, y solo después de despertarnos en el campamento 4 iniciamos la escalada. Es una travesía de unas seis semanas, cuatro de ida y dos de vuelta”, agregó.

En los últimos diez años, la montañista ha enfrentado el ascenso de decenas de montañas en todo el mundo: el monte Ararat (Turquía), el Imja Tse (Nepal), Mont Blanc (Francia/Italia), Aconcagua (Argentina), Elbrus (Rusia), Kilimanjaro (Tanzania), Kazbek (Georgia), cuatro volcanes de Ecuador, y los montes Whitney y Shasta en Estados Unidos.

“En la montaña me siento la más exitosa y la mejor”, evaluó Wolfson en la misma entrevista, “y quien sube conmigo conoce mi mejor versión, sin máscaras ni maquillaje, la más auténtica y real. Las montañas me enseñan que no hay límites para los sueños. Me permiten estar desnuda y expuesta, y al mismo tiempo ser la más fuerte», concluyó.

 

Fuente: Ynet Español
https://www.ynetespanol.com/tendencias/historias/article/B15Jyg00Fu