Resucitan dátiles de la época de los Macabeos y Jesús, y estimulan integración judía y árabe

Cultivados en el Instituto Aravá con su alumnado palestino, israelí y jordano, los dátiles ‘Matusalén’ y ‘Ana’ muestran el potencial para la renovación, como la visión de Ezequiel de los huesos secos.

Por Michael M. Cohen

 «Deja un sabor a miel o caramelo». Las investigadoras Dra. Elaine Soloway del Instituto Aravá de Estudios Ambientales (izquierda), junto con la Dra. Sarah Salon del Centro Médico Hadassah, momentos después de recolectar dátiles. (Foto: MARCOS SCHONHOLZ)

En tiempos de agitación, los profetas de la Biblia ofrecieron mensajes de escarmiento social, así como palabras de esperanza. Uno de los más poderosos comunicados para dar seguridad es la visión de Ezequiel de los huesos secos, en la que los huesos reaniman sus tendones, carne, piel y aliento, así como el movimiento (37: 1-10). Es la mayor directriz de resucitación y redención, y sigue siendo una de las imágenes bíblicas más convincentes.

Recientemente, se llevó a cabo una versión de tal restauración en Tierra Santa, eretz hakodesh – no con huesos secos, sino con semillas secas de dátiles de 2000 años de antigüedad, de la época de los Macabeos y Jesús.

Cuando el arqueólogo Yigal Yadin excavó en Masada en la década de 1960, encontró semillas de dátiles de Judea (Phoenix dactylifera). A través del análisis de radiocarbono, se demostró que las semillas tenían alrededor de 1.990 años de antigüedad, es decir eran del 35 AEC hasta el 65 EC. Los filósofos romanos Estrabón y Plinio escribieron sobre las cualidades medicinales de los dátiles de Judea.

Hace quince años, en 2005, la Dra. Elaine Soloway del Instituto Aravá de Estudios Ambientales, junto con la Dra. Sarah Salon del Centro Médico Hadassah, ¡pudieron germinar milagrosamente una de las semillas! En honor a su longevidad, fue nombrado Matusalén, por el ser humano más longevo de la Biblia (Génesis 5: 21-27).

Aunque asombroso, Matusalén, siendo un árbol macho, no podría producir dátiles sin una pareja hembra. Entonces, en 2014, se germinaron seis semillas a partir de 32 semillas desenterradas en excavaciones arqueológicas entre 1963 y 1991 en el desierto de Judea y cerca del Mar Muerto, con edades estimadas que oscilan entre los 1.800 y los 2.400 años de antigüedad.

Se les dieron nombres bíblicos: Adán, Booz, Ana, Jonás, Judit y Uriel. Judit y Ana eran hembras, pero solo Ana floreció. En marzo de este año, fue polinizada con polen de Matusalén. Finalmente, Ana produjo 111 dátiles que pesaron entre 15 y 18 gramos cada uno. Estos dátiles semi-secos de color rubio rojizo fueron recolectados recientemente. La mayoría de los dátiles irán a la investigación, pero los que se probaron dejaban, como dijo la Dra. Soloway, «un sabor a miel o caramelo».

El hogar de estos árboles extraordinarios es el campus del Kibutz Ketura del Instituto Aravá ubicado en la frontera israelí-jordana en el espectacular Valle Aravá, con las escarpadas montañas rojas de una milla de altura del sur de Jordania – el Edóm bíblico – en un lado, y la piedra caliza blanquecina de los antiguos fondos oceánicos del lado israelí. Hay arenisca colorida a ambos lados de este valle, una amplia sección de la Gran Grieta Siria-Africana.

Unas seis millas al sur del Kibutz Ketura se encuentra el oasis de Yotvata, mencionado en la Biblia (Números 33:34, Deuteronomio 10: 7) como uno de los lugares donde Moisés y los Hijos de Israel acamparon durante sus 40 años en el desierto.

Hay algo más que es notable sobre el hogar de estos dátiles. Desde 1996, el Instituto Aravá de Estudios Ambientales ha reunido a estudiantes universitarios israelíes, palestinos, jordanos e internacionales de todo el mundo para aprender a resolver de manera cooperativa los desafíos regionales y globales de nuestro tiempo. Es una institución académica y ambiental de Oriente Medio que promueve la cooperación ambiental transfronteriza y el discurso ambiental transfronterizo en un momento en que es tan necesario.

Track II Environmental Forum (Foro Ambiental Track II), la más reciente iniciativa del instituto, permite a las organizaciones clave de la sociedad civil y a individuos que representan a actores estatales y no estatales discutir, negociar y desarrollar estrategias prácticas transfronterizas para facilitar acuerdos ambientales formales e informales entre israelíes, palestinos y jordanos.

Reducido a uno de sus componentes centrales, el conflicto entre israelíes y palestinos tiene que ver con la tierra, más precisamente, las fronteras que las naciones trazan sobre la tierra. Cuando la tierra se considera únicamente como un instrumento geopolítico, se la ve como uno de los principales obstáculos para cualquier reconciliación o solución justa del conflicto. Sin embargo, cuando se aborda el territorio, como se lo hace en el Instituto Aravá, desde una perspectiva ambiental – que no conoce de fronteras políticas, muros y vallas – se abren nuevas agendas, incluso en el ámbito político: Se crean nuevas dinámicas.

El alumnado del Instituto Aravá está formado por judíos, cristianos y musulmanes, entre otros. En las tres religiones monoteístas, nacidas en los desiertos de la región, los dátiles y los árboles de dátiles siempre han jugado un papel importante. Siguiendo el ejemplo de Mahoma, los musulmanes tradicionalmente rompen su ayuno diario durante el Ramadán con un dátil. En la Torá, los dátiles se consideran una de las siete especies más importantes de la Tierra de Israel. Y Jesús fue recibido en Jerusalén con sus seguidores agitando ramas de palmeras de dátiles.

Cultivadas en el campus del Instituto Aravá con su cuerpo estudiantil predominantemente palestino, israelí y jordano, los dátiles de Matusalén y Ana, como la visión de Ezequiel de los huesos secos, nos recuerdan que lo que hoy parece estar fuera de nuestro alcance, de hecho, puede superarse para un mañana mejor, más justo y libre.

El escritor es un rabino que enseña en el Instituto Aravá y en el Bennington College de Vermont.

 

Fuente: The Jerusalem Post
Traducción: Consulado General H. de Israel en Guayaquil