Dar a luz a la sombra de la pandemia: «No era así como lo habíamos planeado»

Esperaban el momento del nacimiento, e imaginaban que la familia y las amigas iban a apoyarla y a participar de la alegría, pero llegó el coronavirus. Parturientas hablan de sus miedos, de la frustración y del enorme deseo de que las abuelas conozcan a sus hijos.

“Es muy extraño dar a luz en una época en la que detrás de un beso hay tanto miedo, por lo que cuando beso a mi bebé pienso: ‘¿Saldrá todo bien? ¿Puedo tocarla?’”, cuenta Jen Berson Shealtiel, madre de dos hijas, después de haber dado a luz a la segunda la semana pasada en el Hospital Meir. “Yardén nació a la sombra del coronavirus, dos días después de que el mundo se parara en seco. Fue el viernes 13 (de marzo). La fecha nos causó gracia en su momento. Ahora resulta menos graciosa”.

El solo hecho de dar a luz es una vivencia importante, que da miedo y emociona. Mucho más cuando tiene lugar en días tensos por el estado de emergencia en Israel. Las parturientas se ven obligadas a afrontar una nueva realidad. Una realidad en la que el personal médico que las acompaña en el proceso de dar a luz tiene que tomar más precauciones que de costumbre, con el fin de proteger a las parturientas y a los bebés, y evitar que se contagien en el hospital.

La elección del acompañante en la sala de partos es una cuestión de rutina, pero la gran diferencia ahora es cómo afrontar lo que viene después, en la licencia por maternidad. Ahora, en el período de la licencia por maternidad, y a diferencia de lo que ocurre en épocas normales, los padres están en casa solos, sin un marco definido y sin ayuda de afuera.

.“Volveremos a casa solos con las gemelas”

“Realmente no es así como había imaginado mi primer parto”, dice Maureen Shajar. “Durante todo el embarazo me pasaron muchas películas por la cabeza, todos de color de rosa y alegres. Imaginaba que todos venían a verme con globos, flores y jabones aromáticos para compartir mi alegría y quedarse maravillados con las gemelas que tuvimos tras años de esfuerzos para quedar embarazada. Pero vino la realidad, y todo se convirtió en una película de horror, y no tengo la menor idea de cómo afrontar esa realidad que se nos ha impuesto”.

Cómo voy a lidiar con la nueva realidad

Este fue el primer embarazo de Shajar, casada y de 34 años, y está internada en la Unidad de Madre y Embrión (para mujeres en situación de mucho riesgo) del Hospital Beilinson de Tel Aviv. Está en la semana 33 de su embarazo. “Ya me internaron varias veces por hipertensión y problemas en el cuello del útero. Consiguieron estabilizarme desde el punto de vista médico, y me habían hablado de darme de alta y que me fuera a casa hasta el momento del parto. Pero la verdad es que tengo miedo del presente y del futuro, y sólo en este departamento del hospital me siento segura y protegida. En casa, salvo mi esposo, no me podrá acompañar nadie”.

Muy consciente de las dificultades que le esperan después de dar a luz, Maureen hace esfuerzos por no verlo todo negro y no deprimirse. “Lo único que me mantiene más o menos optimista es la curiosidad de ver a las gemelas que están creciendo dentro de mí. Salvo esto, y fuera de ellas, todas las imágenes que tengo de la realidad que me espera me dan mucho miedo”.

Maureen cuenta que «el plan original era estar un mes en la casa de mi madre, en Netania, para acostumbrarme y aprender a tratar a mis hijas. Pero por razones obvias, eso no va a ser posible. Y en lugar de ello, me iré a casa sola con ellas. Sin la ayuda y el apoyo de mi madre. Sólo nosotros dos. Y en esta nueva realidad, tendremos que aprender completamente solos a acostumbrarnos y a cuidar a nuestras hijas sin ninguna ayuda de afuera. Ni enfermeras, ni amigas, ni familia… Todos están en cuarentena, como bajo toque de queda”.

También las veces anteriores en las que estuvo internada, permitieron que la visitara sólo el esposo. “Triste y deprimente”, dice. “Aunque me apoyan desde lejos, no se puede comparar con un abrazo de mi madre, a quien no sé cuándo veré y cuándo ella podrá tener a sus nietas en brazos”.

Quiero un abrazo de mi madre«

Además del problema de cómo afrontar la situación después de dar a luz, Shajar y su esposo están preocupados por el problema económico. “Nosotros trabajamos juntos en fotografía y en montar videos, y es estos días y en el futuro cercano cuando justamente nuestros gastos se van a duplicar, no tendremos medios de subsistencia”, dice. “Tengo la sensación de que es como un alud que se nos echa encima. No fue así como habíamos planeado traer al mundo a nuestras primeras hijas”.

Sin visitas en el hospital

Oranit Perets, madre de tres hijos y residente en la ciudad de Kiriat Malaji, dio a luz a su cuarta hija esta semana con cesárea (después de que le sacaran la foto que ilustra esta nota). “Fue como mis partos anteriores, pero diferente”, cuenta. Éste fue un parto a la sombra del coronavirus.

“Ésta es la gran hora de los guantes y de las mascarillas”, comenta por su parte Mijal Livne, de profesión partera y que acompaña a las parejas en el parto. “El personal médico usa todos los medios de protección especiales, y por momentos puede parecer algo distante y desagradable, pero lo hacen tanto para proteger a las parturientas como a ellos mismos”, agrega.

Livne insta a las parturientas: “¡Cuando vayas a dar a luz, no renuncies a nada y pide todo lo que te corresponde! El personal médico está más agobiado que de costumbre y exhausto, pero si sientes que no te toman en cuenta ni te hacen partícipe de lo que sucede, exige que te expliquen todo lo que haga falta”.

“Yardén llegó a nuestras vidas después de horas de un dolor terrible”, dice por su parte Barson Shealtiel, riendo. “También fue un dolor emocional porque al mismo tiempo estaba el tema de lo que está sucediendo en el mundo. En el hospital nos dieron de alta pronto, lo que supuso un riesgo porque no iba a tener un seguimiento médico después del nacimiento”.

En cuanto a Perets, ella cree que la darán de alta en el momento justo. “Lo habitual después de una cesárea es dar de alta a la parturienta al cabo de cinco días. Supongo que ahora será igual. Mis miedos tienen que ver sobre todo con la eventualidad de que venga aquí una parturienta enferma de coronavirus, que ni siquiera sabe que lo está porque no hay suficientes pruebas para todos”.

Oranit Perets. “Temo la eventualidad de que venga aquí una parturienta enferma de coronavirus”.

Debido a esa eventualidad, el hospital trata de evitar, en la medida de lo posible, que haya aglomeraciones en las salas de recuperación después del parto. “En el hospital pidieron que no vengan visitas”, comenta Barson Shealtiel. “Hemos tenido unos vecinos de habitación encantadores, pero no hicieron caso de lo que había pedido el hospital, y en cierto momento éramos cinco personas en la habitación. Mi esposo Gary me tuvo que contener para que yo no les gritara que nos estaban poniendo en peligro, y que en la habitación había bebés que acababan de nacer y que no tenían un sistema inmunológico. ¿Por qué no se aguantaron dos días? ¿Y por qué a costa de nosotros?”

El problema, por lo que se deduce de lo que comenta Livne, es precisamente el sentimiento de unión que nos caracteriza a los israelíes. “Nos gusta ir toda la familia en masa al hospital después de un nacimiento. Aunque sea una exageración, esto crea una burbuja excepcional de oxitocina (la hormona responsable del amor). Pero esta vez no se permitían visitas. Ni madre, ni hermanos mayores, ni nadie…”

Pregunta: ¿En qué se diferencia ahora la manera de afrontar la situación al volver a casa?

Respuesta de Barson Shealtiel: “Antes del nacimiento nos preocupaba cómo y cuándo vendrían los abuelos a ayudarnos. Ahora la película es otra. Estaremos en casa solos los cuatro. El hombre propone, y Dios dispone. Tampoco hay seguimiento después del parto; no hay nada de eso”.

Perets: “A mí, personalmente, me parece que deberían hacer una entrada separada a la unidad de parturientas. Que traten de reducir al mínimo mi interacción y la de las bebés con otras personas, y por supuesto aplazar todo lo que se pueda aplazar”.

Una situación nada habitual

Todos los partos, sobre todo cuando una es primeriza, supone una transición o una crisis que obligan a la parturienta y a su entorno a hacer un enorme esfuerzo de adaptación”, afirma la catedrática Rachel Levy-Schiff, psicóloga clínica y presidenta de la Asociación de Psicólogos. “Pero estos días, cuando todos estamos bajo un régimen de aislamiento para evitar contagios, aumentan en gran medida las dificultades de adaptación de la madre que acaba de dar a luz».

“Puesto que ahora no existe ninguna posibilidad de contar con el apoyo de la madre, ni de abrazos y mimos, la parturienta se ve obligada a encerrarse en su casa con su esposo y con el recién nacido. Una situación nada habitual y que trae aparejada dificultades de pareja, que se manifiestan por acusaciones mutuas, discusiones, peleas y falta de apoyo”, añadió.

La catedrática Levy-Schiff recomienda:

-1- Salgan a caminar por separado cerca de la casa.

-2- Compartan tareas y hagan turnos.

-3- Comuníquense con amigos y familiares, que les recordarán que no están solos.

-4- Sigan manteniendo su individualidad, en la medida de lo posible, tanto en lo que respecta a la computadora, las preferencias en televisión y similares.

Y a los familiares y círculos cercanos aconseja

-1- Mimen a quienes acaban de ser padres haciéndoles llegar de manera constante comida saludable, nutritiva y que los haga sentir bien.

-2- Manténgase en contacto permanente, ya sea hablando a través de Whatsapp, de Skype o de las diferentes redes sociales.

-3- Muestren interés por su bienestar y compartan con ellos sus propias vivencias. La proporción, el hecho de que ambas partes hablen de sus vivencias, es importante en este caso porque refleja cierta normalidad.

 

Fuente: Ynet Español