Después de haber recibido un corazón artificial, le trasplantaron uno de verdad

R.R. sufre problemas cardíacos desde pequeña, pero en Iom Kipur recibió el órgano de una donante. «Al parecer, Dios oyó mis rezos», afirmó su padre.

Los últimos años en la vida de R.R. Mozlabat, de Kfar Marar, no fueron fáciles: la enfermedad cardíaca que padecía empeoró, y en los últimos meses se vio obligada a vivir en el Hospital Sheba, cercano a Tel Aviv. Pero en el plazo de un mes y medio, la vida le sonrió dos veces. Primero, cuando recibió un corazón artificial portátil que le permitió irse a su casa. Y hace poco llegó su gran día: dieron con el corazón de un donante, y se lo trasplantaron. Debido a un problema hereditario, R.R. padece fuertes neumonías desde que era pequeña, las cuales con el tiempo debilitaron su corazón. Hace un año y medio, su estado se deterioró mucho, y colapsó. Desde entonces pasó de un hospital a otro, hasta que hace unos seis meses la internaron en el Hospital Sheba, el cual se convirtió en su casa. Allí la conectaron a un corazón artificial, un dispositivo eléctrico en el que dos componentes reemplazan a los ventrículos.

R.R. debió ir a todos lados con el corazón artificial.

Hace aproximadamente un mes, Yedioth Ahronoth publicó un artículo en el que se describía el primer momento feliz de R.R. en mucho tiempo: se la conectó a un sistema de corazón artificial portátil, traído especialmente para ella desde Alemania.

Gracias al “corazón de la maleta”, pudo asistir al casamiento de su hermano mayor, en el que, por supuesto, fue el centro de la fiesta. Uno de los motivos por los que obtuvo el corazón artificial fue que los médicos pensaban que podía pasar mucho tiempo hasta que se encontrara un “corazón de verdad” adecuado para ella, y querían que ella pudiera estar en su casa y llevar una vida razonablemente normal junto a sus seres queridos. Pero para alegría de todos, ello ocurrió antes de lo que pensaban. Dios oyó mis rezos“Unos minutos de que comenzara Iom Kipur, me llamaron del Hospital Sheba y me dijeron: ‘Ven rápido con R.R.; es posible que tengamos un corazón adecuado para ella’”, contó el padre de la joven, Guetas Mozlabat. “La operación se hizo la noche de la víspera de Iom Kipur. Duró 12 horas, desde la noche hasta la mañana siguiente. Cuando la vi después de la operación, me emocioné. Ni en mis mejores sueños imaginé que ocurriera tan rápido. Ella lleva seis meses esperando un corazón, y sólo el último mes estuvo viviendo en casa, conectada a un sistema de corazón portátil. Nosotros no conocemos a la familia que donó el corazón. Estamos tan contentos por lo que obtuvimos…Pero lamentamos profundamente la pérdida de la muchacha joven que murió”.

R.R., ingresando al hospital para la operación.

R.R., quien se recupera en la Unidad de Cuidados Intensivos de Sheba, agrega: “Cuando me dijeron que había un corazón para mí, comencé a reírme y salté de la silla de la emoción. Al parecer, Dios oyó mis rezos. Antes del trasplante tuve miedo, pero mi padre me dijo: ‘Dios está contigo todo el tiempo, y también lo estará en la operación’”. El Dr. Amir Vardi, director de la Unidad de Cuidados Intensivos para Cardíacos del ala para niños de Sheba, que lleva el nombre de Edmond y Lili Safra, sostuvo: “La heroína principal de esta historia es R.R.. No era razonable mantenerla tanto tiempo encerrada en el hospital mientras esperaba un corazón, sin saber cuándo llegaría la donación, si es que llegaría. Por eso decidimos conectarla al sistema de corazón artificial portátil, de la empresa alemana Berlin Heart. “Nunca pensamos que la donación llegaría tan rápido, pero un buen día me llamaron por teléfono del Centro de Trasplantes, y me dijeron: ‘Tenemos un corazón’. El tiempo que pasa desde que aparece el corazón hasta el momento del trasplante es crucial.

Soy cirujano desde hace muchos años, y he sido testigo de muchos momentos dramáticos, pero el momento en el que vemos el pecho vacío, luego trasplantamos en él el corazón, que de repente comienza funcionar…es un momento muy emocionante”.

R.R., tras la operación.

Vardi comentó que “ahora R.R. se recupera. Todavía tiene un camino a recorrer, pero ella ya baja de la cama, sonríe y poco a poco su estado mejora. Una gran cantidad de personas intervienen en este proceso tan extraordinario, incluido el equipo de médicos y la maravillosa familia que decidió donar el corazón de su ser querido”. Por su parte, el Dr. Jacob Lavee, director de la Unidad de Trasplantes de Corazón del Hospital Sheba, dijo: “El caso emocionante de R.R. es una prueba de la capacidad del sistema de salud israelí de responder aún a los casos cardíacos más complejos, y de que no hay ninguna necesidad de recaudar dinero en forma privada para financiar trasplantes en Estados Unidos”.

Fuente: Ynetespañol



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