La rebelión de los Macabeos: la verdadera historia detrás de Janucá

Los antiguos israelitas, liderados por Judas Macabeo, derrotaron al opresor Antíoco, pero el gobierno griego solo se eliminaría 20 años después bajo el hermano menor de Judas. Una lectura obligada por las festividades.

El guerrero Judas Macabeo, o Judá de Macabeo, dibujado por Julius Schnorr von Carolsfeld (1794-1872). Wikimedia Commons

Esta historia fue publicada originalmente en diciembre de 2014

Janucá, el festival judío de luces, celebra la rebelión de los Macabeos (167-160 AEC) y la narrativa de que el rebelde judío Judas Macabeo derrotó al malvado emperador griego Antíoco y dedicó nuevamente el templo, en el que ocurrió el milagro del aceite.

Todo es verdad, con la posible excepción del milagro del suministro de un día de aceite de una lámpara que dura ocho días: pero esa narración omite las divisiones dentro de la sociedad de los antiguos hebreos, principalmente, quién exactamente se rebelaba contra quién.

A finales del siglo VI a. C., el emperador persa Ciro el Grande permitió que los judíos regresaran a sus hogares después de décadas de exilio en Babilonia y convirtió a Judea en una teocracia semiautónoma dirigida por el Sumo Sacerdote y las poderosas familias sacerdotales de Jerusalén.

La semi-autonomía de Judea continuaría durante siglos, después de que Alejandro Magno conquistara la región en el siglo IV AEC y persistiría bajo el Reino Ptolemaico, con sede en Egipto, y el Imperio Seléucida en el norte, que dominó a Israel en diferentes momentos.

Durante este tiempo, la dominación helénica del Cercano Oriente estimuló el desarrollo económico; y la clase urbana dominante en Judea, los sacerdotes, se hizo cada vez más rica y helenizada.

Pero la mayoría de los judeanos eran agricultores rurales. No se estaban haciendo ricos, ni estaban adoptando las costumbres de los sofisticados y cosmopolitas jerosolimitanos. Esta división socioeconómica jugaría un papel decisivo en los siguientes eventos.

El ascenso de Antíoco IV

En 175 AEC, Antíoco IV Epífanes ascendió al trono del Imperio Seléucida, que en ese momento controlaba Judea.

Queriendo superar a su padre y capturar a Egipto, y unir a los reinos seléucida y ptolemaico en una sola superpotencia, Antíoco necesitaba dinero. Cuando una facción de los sacerdotes de Judea ofreció pagarle para que reemplazara al Sumo Sacerdote Onías III con su hermano menor, Jasón, él tomó el dinero. ¿Por qué no?

Pero esto creó un precedente peligroso. Tres años más tarde, otro rico sacerdote, Menelao, ofreció aún más dinero y fue nombrado sumo sacerdote por Antíoco. Jasón fue al exilio.

Sin embargo, Menelao no era de la línea de los sumos sacerdotes y su nombramiento molestó a los judeanos conservadores. Peor aún, se llevó tesoros del Templo para pagarle a Antíoco, que era un sacrilegio, y además de todo eso, era un helenizador radical. Su nombramiento no era popular, y tuvo que hacerse cumplir por la fuerza.

Mientras tanto, en Antioquía, Antíoco decidió que era hora de hacer historia. Dirigió su ejército a Egipto para lograr lo que su padre no había podido. Por rumores de su muerte en la batalla ahí, una guerra civil estalló entre los judíos en Jerusalén cuando Jasón reapareció del exilio, y encabezó una revuelta popular contra Menelao.

Reino del terror

Pero Antíoco no estaba muerto. Él había sido humillado por los romanos y obligado a salir de Egipto. Sin embargo, mientras se retiraba, se enteró de la lucha en Jerusalén y reinstauró a Menelao.

Una vez que regresó al poder, Menelao lideró un reino de terror e inició la helenización de los judíos. Una estatua de Zeus fue colocada en el Lugar Santísimo, entre otras violaciones de la ley judía.

Muchos judíos religiosos se resistieron a las medidas de Menelao, algunos por martirio, otros escapando al desierto, y otros por revuelta activa.

El más prominente de estos rebeldes fue el grupo liderado por Matatías de Modiin y sus cinco hijos, de los cuales Judas Macabeo demostró ser el más capaz y atrajo al resto de los rebeldes judíos a su campamento.

Judas y su banda de rebeldes organizaron una guerra de guerrillas contra los judíos helenizados; Menelao, en respuesta, convocó a los ejércitos griegos de las provincias seléucidas vecinas.

Judas aplasta a los griegos

El primer ejército que llegó, desde Samaria en el norte, fue dirigido por Apolonio. Judas fue avisado y aplastó al pequeño ejército en el camino a Jerusalén. Él tomaría la espada de Apolonio y la usaría hasta su muerte.

Luego vino una fuerza más grande, liderada por Serón, desde Palestina en el oeste. Una vez más, Judas los emboscó y 800 soldados enemigos fueron asesinados.

Alarmados, los seléucidas despacharon un verdadero ejército, desde Antioquía, dirigido por dos generales, Nicanor y Gorgas. Pero una vez más, Judas demostró su destreza militar: derrotó al ejército y se apoderó de sus armas.

Incluso después de esta derrota, el ejército seléucida se mantuvo más grande y más feroz que la pequeña fuerza rebelde. Había un peligro real de que siguiera adelante y aplastara la rebelión.

Pero en este punto, los rebeldes tuvieron un golpe de suerte. En 167 AEC., el rey Mitridatos I de Partía atacó el Imperio seléucida y capturó la ciudad de Herat, en la actual Afganistán. Antíoco tuvo que concentrar sus fuerzas en los Partíos.

Con el ejército seléucida así de preocupado, los rebeldes capturaron Jerusalén en el año 164 AEC, aunque la fortaleza de Acra que dominaba el Monte del Templo permaneció leal a Antioquía (dentro de ella, los soldados asirios y los judíos helenizados se mantendrían firmes).

El templo se volvió a dedicar y se crearon las festividades de ocho días de Janucá, siguiendo el modelo de las festividades de ocho días de Sucot. La historia del aceite milagroso que dura ocho días es apócrifa: solo aparecería siglos más tarde en el Talmud (Sabbat 21b).

Jerusalén bajo asedio

Con su base de poder firmemente establecida en Jerusalén, Judas comenzó a atacar ciudades gentiles alrededor de Judea, aunque el propósito no parece haber sido el sometimiento, sino el botín. Luego regresó a Jerusalén y dirigió el asedio hacia Acra.

En ese momento, después de la muerte de Antíoco en Partía en 164 AEC, el Imperio seléucida fue gobernado por Lisias, regente del niño Rey Antíoco V Eupatorio. Lisias se dispuso a destruir Jerusalén y aplastar la rebelión de los Macabeos de una vez por todas.

Después de vencer a Judas en la batalla al sur de Belén, Lisias asedió Jerusalén.

La situación de los judíos rebeldes era desesperada. Carecían de suministros para resistir un asedio prolongado, sobre todo porque ese año era un año shmita.

Una vez más, la suerte intervino. Felipe, uno de los generales de Antíoco, se rebeló y se dispuso a asaltar la capital, Antioquía. Ansioso por regresar a la capital, Lisias llegó a un acuerdo con los jerosolimitanos. Judea fue restaurada a su antiguo estado semiautónomo y Menelao fue reemplazado como Sumo Sacerdote por Alcimo, un moderado.

Pero tan pronto como Lisias se fue, la lucha estalló nuevamente entre los rebeldes de Judas y los moderados que apoyaban a Alcimo. Un ejército dirigido por el general seléucida Nicanor fue enviado para ayudar a los moderados. En 161 AEC., Judas venció al ejército de Nicanor en la Batalla de Adaza y Nicanor murió.

Ese mismo año, después de derrotar a Felipe, Lisias y Antíoco fueron asesinados por el primo de Antíoco, Demetrio I Sóter, quien ascendió al trono seléucida. Envió otro ejército, liderado por el general Báquides.

Se enfrentaron en la batalla de Elasa en 160 AEC. La banda de Judas no era rival para ese ejército de 20,000 hombres. Los judíos fueron aplastados y Judas fue asesinado.

Por lo tanto, la revuelta terminó en tragedia. Pero algunos años después, los cambios en el paisaje geopolítico llevarían al hermano menor de Judas, Jonatán Macabeo, a ascender al sumo sacerdocio, y al establecimiento de la dinastía asmonea que gobernaría una Judea independiente del 140 al 37 AEC.

 

Fuente: Haaretz
Traducción: Consulado General H. de Israel en Guayaquil