Psicólogos de Haifa sugieren por qué las personas con autismo rechazan el contacto físico

Entre el 70% y el 80% de los niños y adultos del espectro padecen hiper-sensibilidad o hiposensibilidad a la estimulación neural a través de los diversos sentidos, incluyendo la vista, el tacto y el gusto.

Un niño con autism parado en su cuarto. (Foto: REUTERS)

Psicólogos de la Universidad de Haifa se han acercado a una explicación de por qué a muchas personas con trastorno del espectro autista (TEA) no les gusta ser tocadas. El estudio, realizado por la profesora Simone Shamay-Tsoory y la estudiante de doctorado Leehe Peled-Avron, acaba de ser publicado en la prestigiosa revista Autism Research.

El espectro del autismo es un trastorno del desarrollo caracterizado por dificultades para crear, comprender y mantener relaciones sociales. Entre el 70% y el 80% de los niños y adultos del espectro padecen hipersensibilidad o hiposensibilidad a la estimulación neural a través de los diversos sentidos, incluyendo la vista, el tacto y el gusto.

Algunos padres de niños con TEA informan que sus hijos se ponen rígidos al tocarlos, tratan de evitar el tacto y prefieren que se los toque bajo sus propios términos. Hasta ahora, sin embargo, los investigadores no entendían exactamente qué causa esta sensibilidad, y sobre todo – cómo se sienten las personas con TEA cuando están expuestas al tacto.

«Hasta ahora, era obvio que a los niños y adultos con autismo no les gusta ser tocados, pero no estaba claro por qué», dijeron los investigadores. «Los resultados de este estudio nos acercan a la comprensión de las personas diagnosticadas con TEA».

Al examinar las diferencias en las respuestas neuronales a la interacción social, encontraron que las personas con fuertes signos de TEA muestran signos neurales de ansiedad cuando ven el contacto social y reportan sentimientos desagradables sobre el tacto social en comparación con las personas con signos débiles de TEA.
Cincuenta y cuatro participantes se dividieron en dos grupos: un grupo de personas con TEA que tienen un alto nivel de funcionamiento social y un grupo sin signos de TEA.

A los participantes se les mostraron 260 imágenes en cuatro categorías: contacto físico social entre dos personas fotografiadas en condiciones naturales, como en centros comerciales, fiestas o eventos sociales; interacción social entre las mismas personas sin contacto; dos objetos inanimados cotidianos tocándose; y dos objetos inanimados que no se tocan.

Los resultados del estudio muestran que las personas con TEA reportaron sensaciones desagradables cuando vieron el contacto físico social, en comparación con las personas sin TEA.

El examen de sus ondas cerebrales mostró que cuando observaban la interacción social, incluyendo el tacto, las señales neurales en su cerebro eran aquellas que reconocíamos como señales de alguien en estado de ansiedad. También se encontró que estas señales neurales de ansiedad aumentan los patrones de TEA.

Por lo tanto, cuanto más alto se diagnostica a una persona en el espectro autista, más fuertes son sus señales neurales, posiblemente reflejando un mayor nivel de ansiedad con el contacto social.

Cuando los participantes observaban las mismas interacciones sociales sin contacto, estas señales no estaban presentes, mostrando que era el elemento del tacto lo que creaba la ansiedad y no la interacción social.

«Se han reportado señales neurales similares a las encontradas en estudios sobre fobias. Si alguien sufre de un trauma específico y les mostramos el objeto traumático, las señales neurales que resultan son idénticas a las que encontramos en el estudio», explicó Peled-Avron.

«Los resultados de este estudio mejoran nuestra comprensión de las personas con TEA. El tacto físico social es una parte integral de nuestras vidas, tanto en eventos felices como en los tristes, y ahora podemos entender por qué para algunas personas en el espectro autista todos estos eventos despiertan ansiedad».

Lo que descubrieron también podría ser muy útil para los terapeutas, quienes pueden ofrecer una terapia centrada en la ansiedad de una manera similar a la terapia para las fobias, ya sea por medio de psicoterapia o medicación», concluyeron los investigadores.

 

Fuente: The Jerusalem Post
Traducción: Consulado General H. de Israel en Guayaquil

 



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