Colaboración tecnológica judía-árabe en La Galilea apunta a la coexistencia

Estudiantes en Moona trabajando en un proyecto.

Moona, establecida por un ex piloto de combate israelí, utiliza la tecnología para empoderar a los estudiantes y enfocarlos en objetivos, no en la guerra.

Cuando Asaf Brimer dejó la fuerza aérea israelí en el 2008 después de servir por 27 años como un piloto de combate y tomar parte en cuatro de las guerras de la nación, pasó seis años en la industria militar pero luego decidió que no era para él. Él quería hacer algo más grande y audaz para el beneficio de la sociedad.

Así que hace cuatro años estableció “Moona, un Espacio para el Cambio”, una incubadora tecnológica sin fines de lucro en la Galilea que tiene como objetivo construir puentes entre la juventud judía y árabe israelí a través de la tecnología espacial.

Moona -que significa “deseo” en árabe pero está también a una sílaba de distancia de la palabra inglesa “moon” [luna] y la palabra hebrea emunah, o “fe” -opera en el soleado y austero pueblo árabe musulmán de Majd al Kurum, clasificado por la oficina de estadísticas entre las ciudades israelíes con el estatus socioeconómico más bajo. Trabajando en colaboración con el consejo local, Moona alberga grupos de estudiantes judíos y árabes que trabajan conjuntamente en proyectos para drones, robots, impresión en 3D y desarrollo de software y hardware.

“Yo crecí en un kibbutz y a mí y a todos los niños creciendo ahí se nos dio siempre el sentimiento de que nosotros éramos los mejores en el mundo”, dijo Brimer, de 54 años, en una entrevista en Moona. “Eso hace que crezcas con un sentimiento de que tú puedes hacer cualquier cosa. Crecí creyendo que yo era parte de la mejor liga en el mundo. Así que, decidí que necesitaba darle ese mismo sentimiento a otros que no han sido tan afortunados como yo”.

Pero la vida en el kibbutz, aunque era feliz, limita tus horizontes, dijo él, ya que sus miembros comparten su espacio y experiencia con gente que son como ellos mismos. Él decidió que quería “convertirse en un facilitador para permitir a las personas conocer otra clase de gente y trabajar juntos”.

Asaf Brimer de Moona a la entrada de la incubadora

El objetivo de Moona es dar a los estudiantes que asisten a sus programas habilidades prácticas para ayudarlos a conseguir trabajos tecnológicos.

Las industrias locales “nos dicen cuáles son sus requerimientos y oportunidades de trabajo y nosotros adaptamos nuestro currículum a sus necesidades y combinamos a los estudiantes con la fábrica”, dijo Ron Strugo, el gerente del Programa para Principiantes en Ingeniería en Moona. “Nosotros les damos a ellos el conocimiento práctico para satisfacer las necesidades de las fábricas. Normalmente en la escuela uno carece de la experiencia práctica y eso es lo que les damos aquí”.

En sus tres años de funcionamiento Moona también ha establecido tres programas nacionales en escuelas alrededor del país en las cuales los estudiantes construyeron drones, helicópteros con cuatro hélices, o salas de escape.

“Este año 30 escuelas participarán en nuestro proyecto”, dijo Brimer.

El tercer programa se enfoca en el desarrollo de los estudiantes, proveyendo tres cursos al año en robótica y electrónica.

“La idea es tomar a los adultos jóvenes y darles habilidades prácticas para la industria y darles tutorías”, dijo Brimer. “Nosotros también entrenamos a los maestros aquí, a través de un período de un año, y luego los enviamos de regreso a sus escuelas para que así puedan trabajar localmente y construir una comunidad local para fomentar los estudios tecnológicos y el emprendimiento”.

El estudiante de Moona Yazan Kiwan con el instructor Ron Strugo

Yazan Kiwan, de 20 años y de la ciudad árabe de Sakhnin en el norte de Israel, está trabajando en su proyecto final, en el cual él fabrica y realiza el control de calidad de ruedas de metal en un torno de aluminio. Su socio en el proyecto es Eran Luzon, un judío israelí de 36 años de Afula. Luzon estudió en una universidad de la ciudad de Sderot en el Negev occidental y trabaja en una firma de fabricación de defensa.

Kiwan estudió ingeniería en la universidad Ort Braude en la ciudad de Karmiel, en el norte de Israel, y dijo que a él le faltaba la experiencia práctica para conseguir un trabajo. Leyó sobre el programa de Moona en Facebook, vino para una entrevista y fue aceptado para el curso hace cuatro meses. “Es difícil encontrar un trabajo. Ellos me dicen que todavía soy joven, anda a obtener experiencia”, dijo él.

Ahora él tiene un trabajo de tiempo parcial en una firma tecnológica en el norte de Israel que hace productos de cuarzo y espera continuar ahí a tiempo completo, dijo él.

Shlomi Hassid, de 31 años, estudió ingeniería eléctrica y electrónica en la universidad Ort Braude. “Vine aquí porque todos necesitamos experiencia, experiencia, experiencia”, dijo. Él trabaja con Edwar Hanany, de 23 años, para hacer que un brazo robótico de los años 1960 funcione otra vez dándole nuevos codificadores.

Leadia Fauor, de 33 años, y su hermana de 31 años Marwa Fauor en Moona

Aunque Leadia Fauor, de 33 años, y su hermana de 31 años Marwa Fauor estudiaron ambas ingeniería en computación en la universidad Sakhnin, fracasaron en encontrar trabajo en el campo. Hoy ellas estudian impresión en 3D en Moona y enseñan la materia a niños asistiendo a las clases de Moona tres veces a la semana.

“Yo no trabajé por muchos años porque no tenía la experiencia necesaria”, dijo Faour de 33 años. “Quería encontrar un trabajo en mi campo”.

Moona es una ONG que se financia principalmente por donaciones y los ingresos generados de grupos que toman parte en los programas. También es apoyada por el gobierno y tiene auspiciantes incluyendo Qualcomm y Check Point Software Technologies. También recibió una subvención de US Aid por tres años para financiar los programas conjuntos. El entonces director de la NASA, Charles Bolden, visitó Moona en su lanzamiento.

“Nosotros tenemos mucho éxito”, dijo Brimer. “Tenemos sólo tres años y tenemos un presupuesto de $1 millón al año y un equipo de 10 personas/empleados fijos, árabes, drusos y judíos israelíes”.

Unos 750 estudiantes se gradúan de sus actividades cada año, dijo él.

“Nosotros esperamos que Moona será un modelo que pueda ser copiado en todos lados en Israel e internacionalmente”, dijo Brimer. “La gente en la estación espacial de la NASA trabajan y viven juntos por períodos muy largos incluso si ellos son de diferentes partes del mundo. Y desde el espacio, todos se ven igual. Yo escogí enfocarme en el espacio, porque el espacio es un tema que es fascinante para la juventud. Y en el espacio tú logras superar todas las limitaciones terrenales”, añadió él.

Estudiantes de Moona trabajando en un proyecto

Trabajar juntos como judíos y árabes, sin embargo, puede ser desafiante, especialmente durante tiempos de conflicto tales como la reciente ola de ataques de apuñalamiento por los palestinos.

“Hace dos años y medio estábamos en medio de la Operación Margen Protector, la guerra con Gaza, y mi hijo era un soldado luchando en la guerra”, recuerda Brimer. “Aya, la directora de nuestro programa de robótica en Moona, por otro lado, estaba fuera cada día para manifestarse contra la guerra. Cuando el terrorismo de los apuñalamientos del “lobo solitario” empezó, tuvimos que convencer a los padres que de que estaba bien que ellos enviaran a sus hijos a Moona en Majd al Kurum. La realidad es compleja. Pero cuando vienes y ves cómo las cosas funcionan y conoces a la gente, las cosas son diferentes y el punto de vista cambia”.

Aya Manaa de Moona

Aya Manaa, de 30 años, directora del programa de robótica y drones en Moona, estudió química y biología en la Universidad Hebrea de Jerusalem y después trabajó por un año con Médicos por los Derechos Humanos. Luego ella se mudó a Italia y estudió Derechos Humanos y Gestión de Conflictos en Pisa. Después de trabajar para ONGs, hizo un becado en justicia restaurativa con la Universidad George Mason en DC. Luego ella regresó a Israel para “trabajar por la justicia social”, dijo ella. Mientras ella era voluntaria en el consejo de Majd al Kurum, conoció a Brimer, en su caza para encontrar un lugar donde albergar Moona.

“Me gustó la idea y dejé el consejo y comencé a trabajar con Asaf”, dijo ella.

“En Israel no tienes muchos lugares para que árabes y judíos se conozcan. No hay lugares de entretenimiento en común, no hay eventos culturales donde la gente se conozca, los judíos ya no vienen aquí a comer y a arreglar sus carros. No hay una interacción real”, dijo ella. Moona ayuda a crear ese espacio.

Cuando los estudiantes plantean el tema del conflicto israelí-palestino, “abrimos discusiones, pero tratamos de no hablar de política”, dijo ella.

“No es fácil trabajar en un ambiente multicultural -adaptar tus ideas con otras y encontrar un terreno en común para trabajar juntos”, dijo ella. “Cuando estás conectado a un objetivo común, como construir un robot o ganar una competencia, no tienes otra opción que trabajar juntos. Entonces, tú no hablas sobre conflicto sino sobre tecnología. Ellos están superando estereotipos y temores con los cuales vienen de casa”.

El trabajo de Moona es una gota en el océano, reconoció ella, pero aun así es importante. “Nosotros no vamos a solucionar el conflicto, pero trabajamos como hormigas. Damos pequeños pasos para acercar a la gente un poquito más”, dijo ella. Si los estudiantes de Moona son capaces de “encontrar un lenguaje en común y trabajar juntos, entonces también nosotros podemos”.

 

Fuente: The Times of Israel
Traducción: Consulado General H. de Guayaquil