Permanecer vigilantes en la protección de los valores democráticos de Israel

Un desfile militar tiene lugar en las calles en el Día de la Independencia, 1950.

En el aniversario 69no del establecimiento del estado debemos permanecer vigilantes en la protección de nuestros valores democráticos como se establece en la Declaración de Independencia.

La Declaración de Independencia establece claramente que el recién creado Estado de Israel se embarcaría inmediatamente en la tarea de redactar una constitución.

Los británicos terminaron su mandato sobre Palestina el 14 de mayo (5 de Iyar) a la medianoche. Una constitución estaba supuesta a ser redactada “a más tardar el 1 de octubre de 1948”.

Pero, como sabemos, una constitución nunca fue redactada. David Ben-Gurion se opuso a una constitución. Quizás él estaba mirando el modelo británico, el cual él creía sería más apropiado para el naciente estado judío. Quizás estaba preocupado de que una constitución restringiría sus poderes como líder indiscutible. Quizás se dio cuenta que la sociedad estaba simplemente demasiado polarizada para alcanzar un consenso. Quizás creyó que los énfasis individualista y universalista de las constituciones que siguen la tradición liberal eran incompatibles con una nación-estado que se declaraba a sí misma ser a la vez democrática y judía.

Cualquiera fuera la razón, Ben-Gurion logró enterrar la idea de una constitución al asignar a un comité de políticos el redactar el documento. Las disputas insuperables mataron la tentativa a principios de los años 1950 ya que los ortodoxos tradicionalistas rápidamente chocaron con los ateos; los Revisionistas estaban enfrentados con los socialistas Laboristas; los liberales estaban en desacuerdo con los nacionalistas.

En los años 1990 el entonces presidente de la Corte Suprema Aharon Barak instituyó lo que ha sido considerado una ¨revolución judicial¨, la cual le dio un status cuasi-constitucional a la Ley Básica: La Dignidad Humana y Libertad y la Ley Básica: Libertad de Ocupación. Desde entonces, el poder judicial se ha expandido dramáticamente para incluir la capacidad de derribar legislaciones que en opinión de la Corte Suprema son contradictorias a estas dos leyes básicas.

Sin embargo, sin una constitución apropiada, el activismo judicial de la Corte Suprema ha estado bajo fuego. Varios políticos, particularmente de la derecha, están buscando constantemente limitar los poderes y autonomía de la Corte Suprema.

En el 2000, el Instituto de Democracia de Israel lanzó una campaña llamada “constitución con consentimiento”, la cual buscaba reunir apoyo político para la redacción de una constitución.

Pero el esfuerzo fracasó por las mismas razones que lo había hecho en el pasado.

Los defensores de una constitución argumentan que un documento tal es el único remedio para nuestra sociedad profundamente fracturada. Solamente una constitución, alegan ellos, puede proporcionar a los israelíes con una visión común y una serie de principios compartidos. A diferencia de Inglaterra, la cual tiene una larga tradición legal en la cual basarse, Israel es un país más parecido a las democracias recién formadas como Estados Unidos y Australia.

Pero irónicamente, la misma polarización y fragmentación dentro de la sociedad que los defensores de una constitución buscan remediar, ha impedido a los israelíes unirse bajo los auspicios de un documento redactado consensualmente.

Quizás la misma idea de que una constitución puede ser redactada a través del consenso es errónea. La esencia de una constitución está en su posición de principios sobre valores inmutables y universales tales como los derechos humanos y las libertades que son verdaderos incluso cuando una mayoría tiránica dice lo opuesto. La constitución en una democracia liberal es, por su propia naturaleza, un documento redactado por un pequeño grupo de élites. Los intentos para alcanzar un consenso sobre el tema, por lo tanto, contradicen el espíritu mismo de la constitución.

Hoy, 69 años después de que Ben-Gurion leyó por primera vez públicamente la Declaración de Independencia, no estamos más cerca de un acuerdo sobre una constitución. Y hay poca probabilidad de que este estado de cosas cambiará pronto. Tampoco hay un grupo de élites a quienes la sociedad esté dispuesta a deferir para orientarse.

Los judíos son un grupo contencioso y Ben-Gurion sabía esto.

Esa es probablemente la razón por la cual él se opuso a redactar una constitución.

Pero el hecho de que el país carece de una constitución no disminuye la robustez de su democracia.

En el 69no aniversario del establecimiento del estado debemos permanecer vigilantes en la protección de nuestros valores democráticos como se establece en la Declaración de Independencia, la cual incluye “los preceptos de libertad, justicia y paz enseñados por nuestros profetas” y la defensa de “la completa igualdad social y política de todos sus ciudadanos sin distinción de raza, credo o sexo”.

De hecho, la Declaración de Independencia, la cual sigue siendo relevante hasta este día, debería continuar siendo la base moral para la vibrante y dinámica sociedad de Israel.

 

 

Fuente: The Jerusalem Post
Traducción: Consulado General H. de Guayaquil



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