Cazadores urbanos (forrajeros) de alimentos dan una oportunidad a la humilde yerba

Dos tours en Tel Aviv y Jerusalén encuentran un bar de ensaladas gratuitas, silvestres y exóticas, creciendo bajo los pies

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El árbol de pimienta rosa, nativo de América del Sur, se encuentra en todo Israel. En una tienda, los granos de pimienta rosados se consideran un artículo de especialidades que puede venderse por NIS 150 el kilo. Heela Harel los agrega a una ensalada forrajeadael 2 de febrero de 2017. (Melanie Lidman / Times of Israel)

Ir en una excursión de forraje urbano es como ponerse un par de gafas 3D: Transforma un paisaje urbano conocido en algo completamente diferente. Matorrales de malezas se convierten en grandes manojos de verduras comestibles, mientras que los terrenos abandonados producen tallos de espárragos silvestres o conos de zumaque carmesí.

Con Tu Bishvat, el «feriado anual judío de los árboles» que fue el sábado, habiéndose convertido en una plataforma para la conciencia ecológica, forrajear las verduras frescas que crecen bajo los pies, es una de las mejores maneras de encontrar la naturaleza en la jungla del cemento.

Tel Aviv y Jerusalén son el hogar de activas comunidades de forrajeo urbano, con visitas semanales que ofrecen inspiración ambiental junto con ahorros financieros.

Heela Harel, diseñadora y activista comunitaria en el sur de Tel Aviv, lidera excursiones quincenales de forrajeo alrededor de los terrenos abandonados de su vecindario, donde las malezas crecen libremente y hay poco de qué preocuparse por los pesticidas.

«Me pareció bastante sorprendente que haya tantas cosas creciendo alrededor de mi casa, que no tengo que alejarme demasiado para encontrarlas y son muy nutritivas, tal vez incluso más que las cosas que compro en el supermercado», dijo Harel, quien preparó una ensalada llena de una rica variedad de verduras forrajeadas después de una reciente gira de forrajeo por el sur de Tel Aviv.

El clima templado de Tel Aviv ayuda a crear una gran variedad de opciones forrajeras en el inicio del invierno, mientras que a mediados de marzo las más frías Haifa y Jerusalén experimentan una explosión de quinua silvestre y espárragos.
Pero febrero es el momento principal para la malva, localmente llamada hubeiza, o «un trozo de pan» en árabe. Es una de las plantas de brote natural más comunes en el invierno israelí.

La robusta planta crece por todas partes, desde las bermas de la carretera a las brechas entre las viejas piedras en la Ciudad Vieja de Jerusalén, y es un alimento básico de la cocina árabe en el invierno. A algunas personas no les gusta la planta verde espinaca – porque es parte de la familia de la ocra y es igual de «babosa», pero Harel recomienda cocinarla con algo ácido, como limón o tomates, para neutralizarla.

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Los espárragos silvestres se ven como ramas delgadas de la versión comprada en la tienda, pero con el mismo sabor, se la muestra aquí en el barrio Shapira de Tel Aviv el 2 de febrero de 2017. (Melanie Lidman / Times of Israel)

Los consejos de cocina son esenciales cuando se prepara la comida forrajeada. Del mismo modo, aunque que el forrajeo no requiere de un título en botánica, si requiere un poco de conocimiento.

Luf, un tipo de lirio que es otro popular plato de invierno árabe, puede ser venenoso si no se co- cina adecuadamente, dijo Harel. Las ortigas tienen un delicioso sabor a nueces, consumidas crudas, pero necesitan eliminar sus espinas minúsculas antes del consumo doblando o enrollan- do las hojas para que «bote» las espinas.

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Luf, un tipo de lirio, visto aquí en una excursión de forrajeo en el sur de Tel Aviv el 2 de febrero de 2017, puede ser venenoso si no se cocina el tiempo suficiente a altas temperaturas. (Melanie Lidman / Times of Israel)

Las hojas de quinoa salvaje (kaf avaz en hebreo, o Chenopodium) tienen sabor a nueces, y las hojas de crisantemos son un matrimonio entre zanahorias y perejil, pero penetrante.

«La curiosidad es lo principal en esto. Si tienes curiosidad sobre estas cosas, puedes encontrar la información que necesitas», agregó Harel, citando una serie de recursos en línea incluyendo sitios web como Edible Weeds (yerbas comestibles).
Fue esa clase de curiosidad – y la perspectiva de ahorrar en la compra de comestibles – que atra- jo a la jerosolimitana Ronit Peskin al forrajeo urbano.

Madre de cuatro hijos pequeños, casada y observadora de su religión, Peskin y su familia siem- pre han se han manejado con un presupuesto ajustado.

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Ronit Peskin, alias Penniless Parent (madre sin dinero), sacude la tierra de un gajo de mostaza silvestre forrajeada en el bosque de Ramot (Jessica Steinberg / Times of Israel)

Mientras investigaba los nacimientos sin epidural, el anestésico que se administra con frecuencia durante el parto, Peskin se encontró en el mundo de la lactancia materna, co-durmiendo, pañales de tela y, más adelante, educación en el hogar. El forrajeo llegó cuando empezó a leer al res- pecto en varios blogs de otras mamás que educaban a sus hijos en casa y que forrajeaban con sus hijos pequeños.

Comenzó a investigar las plantas que crecen en Israel, comparándolas y contrastándolas con lo que crece en los Estados Unidos. Ella se unió a grupos de forrajeo en Facebook y, finalmente, comenzó su propio blog, Penniless Parenting (Crianza sin Dinero), en el que escribe de forma anónima acerca de su vida como una mamá que cuida el centavo, pero que quiere comer bien y saludablemente.

Peskin comenzó a enseñar forrajeo hace unos cinco años, principalmente guiando a grupos en el Parque Sacher de Jerusalén, donde hay verduras comestibles y granos de pimienta rosa en las áreas justo más allá de los campos de césped cultivados.

Al igual que Harel en el sur de Tel Aviv, ella también ama los terrenos abandonados.

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Un puñado de frescas bayas de sumac, forrajeadas en un lote abandonado (Jessica Steinberg / Times of Israel)

Comenzó una reciente visita al Bosque Ramot con una parada en un espacio lleno de maleza entre dos casas suburbanas. En el borde del terreno había un pequeño árbol que brotaba de densos conos de bayas secas y carmesí, que resultó ser el sumac de especias rojizas, con sabor a limón.

Después de recoger gajos de hojas de mostaza, frondas de hinojo, racimos de alazán de madera y un montón de acederas silvestres, Peskin lo llevó todo a una mesa de picnic en una de las ca- ñadas del bosque suburbano.

Ahí sacó de una carrito de supermercado dos quemadores portátiles, varias ollas y vasijas, y su colección de vinagres infundidos con hierbas, preparándose para hacer pad tailandés, piccata de pescado y una ensalada de la docena de diferentes verduras encontradas en una hora de forrajeo.

«No tengo miedo de enseñar forrajeo porque, durante milenios, la gente ha forrajeado sin un título», dijo Peskin, remojando un montón de bayas de sumac envueltas en paño en agua para crear un jugo alimonado para la piccata. (Para usar el sumac como especie, deja que se seque durante aproximadamente una semana y luego lo muele en un molinillo de café o procesador de alimentos antes de separar la especie molida de las semillas no comestibles de la fruta.)

El forrajeo ha permitido a Peskin desviarse con su planificación de comidas y poner cosas en el menú que su familia no habría podido costear. (Sus hijos comen muchas de las verduras, aunque su marido sudafricano a menudo pone salsa de tomate en sus platos forrajeros culinarios.)
«Soy una conocedora de comida, y me gusta el hecho de que el forrajeo me da más con qué trabajar», dijo.

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Una mesa de picnic llena de verduras frescas, con las que Ronit Peskin preparará tres platos diferentes (Jessica Steinberg / Times of Israel)

El invierno israelí ofrece una amplia variedad de cosas verdes, pero durante los veranos secos hay más semillas y frutas disponibles. Durante los ricos meses de invierno Peskin hace envol- turas vegetales con alazán crudo, ravioles frescos rellenos con verduras, o mayonesa de se- millas de malva.

«Me encanta el forrajeo de las cosas que uno compra en la tienda de comestibles,» ella dijo.
Igual para Harel, a quien le gusta usar la mayor cantidad de planta posible, incluyendo cáscaras, cortezas, semillas y tallos. Ella documenta algunas de las cosas que hace, incluyendo otros proyectos de arte, en su blog, «¡Hola!. Yo hago estas cosas (Hi! There. I Make this Stuff.)

Las hierbas extra-secas se pueden moler y agregar a la sal gruesa para hacer un condimento único. Utiliza naranjas ornamentales amargas conservadas en jarabe simple, una parte de azúcar a una parte de agua, para hacer su propio concentrado de jugo (sólo añada soda, o vodka, para un cóctel refrescante).

Para estos forrajeros urbanos, existe la emoción del hallazgo, y luego el placer de crear algo nuevo y diferente de sus alimentos forrajeados.

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Heela Harel cree en usar cada parte de la fruta, remojando las cáscaras en un jarabe de azúcar para hacer concentrados y jaleas dulces naturales, aquí fotografiados el 2 de febrero de 2017. (Melanie Lidman / Times de Israel)

Después de varios años de guiar la búsqueda de alimentos para individuos y grupos corporativos más grandes, Peskin ahora s e aventura en el mundo de la publicación con su primer libro, Penniless Foodie in the Wild, (Conocedora Chira de comidas silvestres), un Libro de Recetas de Forrajeo Adaptable, de la Editorial Passageway Press.

El libro identificará cada hierba y verde que Peskin ha investigado y ofrece recetas interna- cionales sobre cómo preparar varios alimentos forrajeros.

«No tienes que ser un botánico para entender el forrajeo», dijo. «Es para las masas; es una ha- bilidad vital para que la gente tenga, y es una gran manera de ahorrar dinero.»

 

Fuente: The Times of Israel
Traducción: Consulado General H. de Israel en Guayaquil



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