Expertos israelíes en trauma ayudan a consejeros en Parkland, Florida

(CNN) En la ciudad norteña de Alon HaGalil, una tarde reciente, un psicólogo clínico y ex miembro de las fuerzas especiales israelíes llamado Yotam Dagan estaba preocupado sobre cómo los estudiantes del Colegio Marjory Stoneman Douglas en Parkland, Florida, reaccionarán la próxima vez que la escuela realice un simulacro de incendio.

“Si lo hacen sin una preparación o advertencia previa, el sonido de la campana va a reactivar la respuesta traumática”, me dijo Dagan, recordando que se dice que el asesino que mató a 17 inocentes personas el 14 de febrero en el colegio activó la alarma de incendio para vaciar las aulas. “Habrá nerviosismo. Habrán ataques de pánico”.

Ayudar a evitar esos desencadenantes es la razón por la cual Dagan y otro psicólogo volaron recientemente de Tel Aviv a Londres y a Miami para reunirse con maestros, consejeros, personal de primera respuesta, clérigos y otros para ofrecer lecciones prácticas aprendidas de la vasta experiencia de Israel con el terrorismo y la guerra.

“No es que Israel sabe nada que Estados Unidos no sepa”, me dijo el colega de Dagan en este viaje, el psicólogo Alan Cohen. “Pero tenemos mucha más experiencia práctica en ponerlos en un programa coherente”.

Los psicólogos Yotam Dagan y Alan Cohen explican las intervenciones a los jóvenes por trauma
en Ft. Lauderdale después del tiroteo de la escuela secundaria en el cercano Parkland, Florida.

Ambos son miembros de la Coalición de Trauma de Israel, un grupo de ONGs y organizaciones gubernamentales que trabaja para aprovechar el conocimiento aprendido en su país y compartirlo con otros en su campo en todo el mundo.

En marzo de 2011, el grupo envió una delegación a Japón para ayudar a los expertos en traumas a asesorar a los sobrevivientes del terremoto y el tsunami. Después de que el tifón Yolanda golpeó Filipinas en noviembre de 2013, envió un equipo allí. Expertos israelíes en trauma han sido enviados a Ucrania, devastada por la guerra, y a Nepal, después del terremoto de 2015. Y el 25 de febrero, Dagan y Cohen aterrizaron en Miami para ayudar a los sobrevivientes del tiroteo en la escuela secundaria de Parkland.

Cohen vive en Kiryat Shmona, una ciudad en el norte de Israel que fue atacada en abril de 1974 por terroristas del Frente Popular para la Liberación de Palestina, en el que murieron 18 civiles, nueve de ellos niños. Cohen no se mudó ahí hasta una década más tarde, pero insiste en que el incidente dejó una huella psicológica en la ciudad que queda.

“La gente no se sentía segura en sus hogares por generaciones”, me dijo.

El norte de Israel ha enfrentado disturbios y conflictos generales durante décadas: cohetes desde Líbano en los años 70 y 80, operaciones militares cercanas y, por supuesto, la guerra con Líbano en 2006.

Otros eventos en el área han dejado cicatrices, según Cohen. El 4 de febrero de 1997, dos helicópteros israelíes de transporte CH-53 Sikorsky colisionaron en su camino hacia la “zona de seguridad” israelí en el sur del Líbano, matando a los 73 militares israelíes a bordo. Poco más de un mes después, el 14 de marzo, 80 estudiantes de séptimo y octavo grado se encontraban en una excursión al Valle del Jordán y los Altos del Golán cuando se detuvieron en un popular destino turístico llamado la Isla de la Paz. Un soldado jordano abrió fuego con su rifle automático M-16, matando a siete de las niñas de la escuela.

“También tuvimos una masacre escolar”, recordó Cohen con tristeza.

En el terreno en Parkland

Cohen y Dagan se reunieron por primera vez con Servicios Familiares Judíos en el condado de Broward, lo que los puso en contacto con otras organizaciones comunitarias, organizaciones benéficas y profesionales de la salud; su primera reunión fue en una escuela local con aproximadamente 60 consejeros, psicólogos y maestros. Además de compartir sus conocimientos sobre cómo movilizar recursos para hacer frente y construir sobre la base de lo que ya existe en el condado, los israelíes hablaron sobre cómo identificar a aquellos en la población local que podrían necesitar ayuda.
Los más obvios, explicó Cohen, son aquellos que están geográficamente conectados al evento traumático: aquellos que asisten o trabajan en la escuela y sus familias y aquellos que viven en el área circundante. Menos obvios son los que tienen conexiones sociales con el trauma: niños y familias en la comunidad en general, que no pueden pedir ayuda de manera obvia. Luego están los que tienen conexiones psicológicas con el incidente, incluidas las personas que asistieron anteriormente a la escuela, los que tienen niños de la misma edad que las víctimas y las personas que han sufrido dificultades de duelo similares.

“También pueden estar sufriendo”, señaló Cohen. “Silenciosamente.”

Jessica J. Ruiz, la psicóloga principal y directora de capacitación clínica para Servicios Familiares Judíos en el condado de Broward, exaltó a los dos hombres por compartir el conocimiento aprendido de “generaciones y efecto dominó” en Israel. “Han enfrentado el trauma ellos mismos, y saben cómo ver a la gente sobrevivir a estos eventos y salir con capacidad de recuperación y fuerza y seguir adelante con vidas significativas”.

Era importante para todos escuchar que es perfectamente normal que psicológicamente el cuerpo humano reaccione al trauma. “Estamos preparados para salir del camino de cualquier amenaza”, me dijo. “Incluso si el león no está frente tuyo o el atacante no está en el edificio, cuando te alejas, tu cuerpo sigue alerta”. El cuerpo se tranquiliza después de un tiempo, pero en el mundo en el que vivimos – las redes sociales, la televisión – nuestros cuerpos pueden ser empujados a pensar que el trauma está sucediendo nuevamente. Estar constantemente en alerta por una amenaza interrumpe nuestras conexiones con otras personas, y el impacto puede ser peor para los niños, que podrían retraerse.

Cohen y Dagan pudieron aportar su experiencia al ver los grandes impactos en segmentos de la población israelí a lo largo de décadas, impactos que a veces fueron impredecibles. No solo apareció el trastorno de estrés postraumático en lugares donde no se esperaba, también lo hicieron los niveles de estrés adicionales, que llevaron al abuso de sustancias o problemas de relación, lo que afectó a la siguiente generación.

Otra parte de su enseñanza es para los líderes de la comunidad: cuán importante es para ellos ser visibles, hablando no solo de lo que sucedió, sino de lo que significa y de la resolución de la comunidad para superarlo. Citando al ex alcalde de la ciudad de Nueva York, Rudy Giuliani y su visibilidad y candor después del 11 de septiembre, Dagan y Cohen dejan en claro lo importante que es para los líderes salir y hablar.

“La mayoría de la gente solo quiere quedarse en casa”, dijo Dagan. “Alguien tiene que salir”.
Dagan me dijo que la mayor parte de lo que el mundo sabe hoy sobre trauma y trastorno de estrés postraumático se desarrolló en los Estados Unidos.

“Pero en Israel”, dijo, “dado que somos un país pequeño, y en las últimas siete décadas, entre la guerra, los terroristas, los terroristas suicidas, los lobos solitarios y los atacantes con armas blancas”, no tuvimos más remedio que tomar lo que aprendimos de EE.UU. y lo aplicamos para que nuestras comunidades puedan recuperarse y reanudar su vida normal día a día lo antes posible”.

Los chicos del colegio Marjory Stoneman Douglas regresaron a la escuela dos semanas después del incidente. La sociedad israelí alienta los intentos de normalidad más rápido que eso, dijo Dagan.

“En Israel sucede algo como esto: un atacante suicida ataca un restaurante o un autobús y, en cuestión de horas, la vida vuelve a la normalidad. Los restaurantes se restauran lo antes posible. Para ganar esta eterna batalla, tenemos que volver a la normalidad”. En el mercado Sarona de Tel Aviv, donde dos atacantes palestinos mataron a cuatro israelíes en junio de 2016, dos restaurantes abrieron sus puertas a clientes un día después de los asesinatos.

Dagan dijo que intentaron llevar un “paradigma diferente” a Parkland. “En lugar de buscar el trastorno de estrés postraumático, observamos los mecanismos de supervivencia y buscamos fortalecerlos e inspirar esperanza”.

Uno de estos procedimientos lo llaman El Día Después. El concepto se basa en un programa desarrollado en los EE.UU. llamado Interrogación de Estrés Crítico de Incidente, un proceso de intervención para un grupo pequeño pero modificado para niños y adolescentes en el aula. La interrogación puede tomar varias horas, explicó Dagan, lo que no funciona para la capacidad de atención de un niño.

El objetivo de El Día Después es explicar lo que sucedió, para “lograr un terreno común de hechos. Y hablamos de reuniones y recursos para enfrentar y cómo vamos a vencer esto juntos, y explicamos cómo volveremos a vida normal. Es un protocolo muy estructurado. Lo usamos aquí en nuestras escuelas”.

En cuanto al simulacro de incendio escolar pendiente, dijo Dagan, él ha instruido a los maestros a darles a los estudiantes muchas advertencias y quizás incluso usar una versión más silenciosa de la alarma y no la verdadera.

“Hablen con los niños”, les instó. “Necesitan pensar y tomar una decisión informada sobre el próximo simulacro de incendio antes de que lo hagan. Pasamos por esto en Israel” debido a los cohetes disparados por Hamas y las sirenas de ensayo allí. “Cuando ensayas con una sirena de sonido, siempre hay daños colaterales en términos de nuestra propia gente. Entiendo que hay que hacer simulacros de incendio. Pero si no planifican, habrá daños”.

 

Fuente: CNN
Traducido: Consulado General H. de Israel en Guayaquil