Huérfanos ucranianos hallaron un refugio inesperado en las colinas de Jerusalén

Los niños de un hogar dirigido por Jabad en el país en guerra son atendidos en el Centro de Educación Forestal y Campo Nes Harim mientras la guerra se prolonga.


El Centro de Educación Forestal y de Campo Nes Harim es un hogar para niños huérfanos de Ucrania. Foto: Nicky Blackburn

Para Malka Bukiet, directora israelí del hogar infantil Alumim en la ciudad ucraniana de Zhitomir, el momento más aterrador de su escape de la nación devastada por la guerra con cien niños de seis meses a 17 años, no fueron las sirenas o las bombas sino el instante en que el grupo humano llegaban a la frontera con Rumanía.

“No teníamos los documentos de viaje adecuados para todos los niños. No fue posible conseguirlos a tiempo y tenía mucho miedo de que no nos dejaran pasar. ¿Qué iba a hacer yo si algunos podían pasar y otros no”, me dijo Bukiet.

Por suerte, los guardias fronterizos subieron al autobús, preguntaron si había algún hombre mayor de 18 años y los dejaron pasar. Sólo el conductor tuvo que dar la vuelta.

“Necesitábamos un milagro y Dios nos ayudó. Nadie miró nuestros documentos. Fue algo antinatural”, admitió Bukiet.

Un lugar para descansar

 Me reuní con Bukiet en el Centro de Educación Forestal y de Campo Nes Harim dirigido por el Keren Kayemet LeIsrael – Fondo Nacional Judío (KKL-JNF) en las colinas de Jerusalén.

Normalmente, las instalaciones – 48 cabañas de madera y cinco aulas – se usan para impartir cursos cortos y estancias de fin de semana. Ahora es el refugio temporal inesperado para los niños del hogar dirigido por Jabad en Ucrania.


Dos niños ucranianos se toman un momento de tranquilidad para revisar sus teléfonos en Nes Harim. Foto: Nicky Blackburn

Nes Harim es un hermoso lugar en un largo y sinuoso camino que cruza un bosque.
Se parece más a Europa que a Israel y los fines de semana los ciclistas de ruta en lycra brillante toman sus curvas bombeando los músculos de las pantorrillas hacia arriba y abajo.

Bukiet (40) es madre de ocho hijos. Cuando se sentó conmigo en una mesa fuera del comedor dio un enorme suspiro. La mañana era calurosa y el sitio estaba ocupado. Todo era caótico.


Malka Bukiet, directora del hogar infantil Alumim en Ucrania. Foto: Nicky Blackburn

Es que era la festividad de Lag Baomer y adentro, algunos de los niños mayores se preparaban para un desfile nocturno. Trataban de poner globos en enormes bolsas de basura, pero los niños más pequeños les hacían ese trabajo mucho más difícil al robarles los globos para jugar.


Los niños ucranianos en Nes Harim preparan globos para el desfile nocturno. Foto: Nicky Blackburn

Bukiet y los niños, todos judíos, llegaron a Nes Harim en abril.

Se suponía que sería un refugio temporal durante un mes pero ya se extendió por más de tres mientras que la invasión rusa de Ucrania se intensifica.

Hoy, Bukiet y otros en la escuela de campo entienden que su estadía en Israel podría durar muchos meses más.

“No creo que nos vayamos antes de septiembre, como muy pronto”, reconoció Bukiet.


Uno de los niños ucranianos más pequeños en Nes Harim juega con un globo. Foto: Nicky Blackburn​

Bukiet vive en Ucrania desde hace 19 años y es la directora de Alumim.

Les da un hogar a los niños cuyos padres no pueden cuidarlos, ya sea por razones económicas o cuestiones como la adicción.

También hay niños separados de sus hogares por orden judicial.

 Cuando en marzo Israel instó a sus ciudadanos a abandonar Ucrania tras los temores de una inminente invasión rusa, Bukiet quería irse pero sabía que no podía dejar a los niños.

“Sacar a estos niños del país es una operación muy complicada. Lleva meses de trabajo y es muy caro. Sin embargo, no podíamos dejarlos. No tienen a nadie más. Al final, decidimos quedarnos porque pensamos que incluso si hubiera una guerra, no sería en nuestra ciudad. No hay nada importante allí y no estábamos en la frontera. Nos sentíamos seguros de que no nos tocaría y probablemente solo duraría unos días”, remarcó.

Bombas las 5 de la mañana

Pero en la primera noche de la invasión fueron despertados a las 5 de la mañana con ataques con misiles en una base militar a solo dos o tres kilómetros de distancia.

“Los niños estaban histéricos. Los bombardeos fueron tan cerca que nos impactó. Al principio no entendíamos lo que había sucedido. Fue muy estresante”, afirmó Bukiet, cuyo esposo estaba de viaje en EEUU con uno de sus hijos cuando estalló la guerra.

Rápidamente, el personal del hogar se dio cuenta de que la única solución era irse a otro lugar más cercano a la frontera. Al menos por unos días.

“La gente pensó que estábamos locos. Nadie quería venir con nosotros. Todos tenían miedo y no podíamos encontrar choferes porque los hombres serían llevados al ejército”, recordó.

Una vez que hallaron conductores les dijeron a los niños que empacaran algunas cosas para un viaje de fin de semana. No había sitio en el autobús para nada más.

El viaje por carretera de siete horas tomó el doble ya que los caminos estaban colmados de personas que huían, e incluso una vez que llegaron a un hotel a una hora de la frontera, el ambiente era tenso, con soldados y helicópteros que iban y venían.

Entonces, de repente, en la noche, las sirenas antiaéreas volvieron a sonar.

“Fue aterrador. Tuvimos que llevar a los niños a lo que apenas era un refugio fuera del hotel. Hacía mucho frío y no queríamos olvidarnos de nadie”, describió.

Inmediatamente Bukiet se dio cuenta de que tendrían que seguir adelante de nuevo. Así fue como le pidió al gobierno ucraniano que sacara a los niños del país y al de Israel que emitiera pasaportes temporales.

La aprobación del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel fue lo primero y ella decidió no esperar la aprobación de Ucrania sino arriesgarse.


Malka Bukiet carga a un bebé de Alumim dentro de Nes Harim en abril de 2022. Foto cortesía de KKL-JNF

El grupo fue recibido por el consulado israelí en la frontera rumana, que les entregó documentos de viaje.

Los voluntarios les dieron cobijas y comida. “Ya sentimos un alivio. Estábamos rodeados de buena gente”, contó.

Durante su estadía en Rumania, más y más niños y familias ucranianas se unieron a ellos, y una semana después, una vez que llegó la noticia de que el KKL-JNF estaba feliz de recibirlos en Nes Harim, el grupo de 150 miembros voló a Israel.


Huérfanos ucranianos y sus cuidadores llegan a la escuela de campo Ness Harim en Israel, marzo de 2022. Foto cortesía de KKL-JNF

Una escuela forestal se vuelve un hogar


El nuevo jardín de infantes en Nes Harim. Foto: Nicky Blackburn

El KKL-JNF hizo todo lo posible para equipar la escuela forestal. La organización creó una sala de computación, abrió un jardín de infantes e incluso sumó juegos deportivos y otros equipos.

Todo es financiado por el KKL-JNF y Jabad: les proporcionan comida y lavandería mientras que el personal ayuda a mantener a los niños ocupados, incluso cultivando vegetales con ellos.

“Como organización judía líder, el KKL-JNF no puede quedarse al margen ante la situación en la que se encuentran los judíos de Ucrania”, afirmó Avraham Duvdevani, presidente de KKL-JNF.

Esto es reconocido por Bukiet: “El KKL-JNF está haciendo una gran obra de caridad, brindándonos este hermoso lugar. Llegamos a un sitio donde nadie nos conoce y nos dieron una bienvenida increíble”.


El personal de Nes Harim anima a los niños a cultivar verduras en un invernadero. Foto: Nicky Blackburn

Cuando los niños llegaron a Nes Harim, israelíes de todo el país trajeron ropa, juguetes, libros de texto, mochilas y todo lo que los pequeño pudieran necesitar.

Muchos se quedaron y se ofrecieron como voluntarios para entretener a los niños.

Entre las organizaciones que ayudaron estaba Dental Volunteers for Israel, que ofrece atención dental gratuita a los niños.

Tres adolescentes, que sufrían un dolor oral extremo, fueron las primeras en buscar ayuda.

Una transición difícil

A pesar de la cálida bienvenida, la mudanza no ha sido fácil para los niños.

Bukiet reconoció que los más chicos estaban confundidos y pensaron que se iban por unos días. “Se mudaron de una ciudad a otra, y luego a otro país. Algunos de los niños nunca antes habían estado en un avión y fue un gran shock”, remarcó.


Dos hermanas de Alumim se abrazan. Foto: Nicky Blackburn

Durante las primeras semanas los niños no estudiaron pero después de Pesaj, en un intento por devolver la normalidad a sus vidas, la mayoría comenzó la escuela.

“Necesitábamos encontrar una escuela que se adaptara a ellos. Me impresionaron las escuelas de la zona porque no tenían por qué estar de acuerdo con esto. Es una locura, faltaban menos de dos meses para terminar el año, los alumnos no hablaban el idioma, venían con otra mentalidad… Pero todos los directores dijeron que sí”, remarcó.

Si bien la mayoría de los niños estaban contentos de comenzar la escuela y conocer nuevos amigos, para algunos también fue una dolorosa señal de que no regresarían pronto a sus casas.

“Se suponía que era una situación temporal y al principio fue como unas vacaciones. Si bien fue estresante, también fue divertido y feliz pero ahora van a la escuela y la rutina se volvió más estable y real”, dijo Bukiet.


Una niña descansa junto a los globos guardados para la noche. Foto: Nicky Blackburn

La mujer describió que muchos de los niños sienten nostalgia y que la realidad se complica cada día más: “Ahora, esta es la vida real. Vemos muchos problemas de comportamiento y tenemos terapeutas trabajando con los niños. Realmente necesitan apoyo”.

También están las cuestiones emocionales de la guerra.

Bukiet me contó acerca de Nadia, una joven de 15 años de Mariupol, que perdió el contacto con su familia cuando llegó a Israel.

Un rabino de la ciudad gravemente afectada tardó semanas en encontrarlos. Habían estado viviendo en un sótano durante dos meses, y solo salían a buscar comida.

En una de esas misiones, solo unos días antes de que el rabino los ubicara, el tío de Nadia fue asesinado.

De todos modos, se logró evacuar al hermano y a la abuela de Nadia, y llegaron a Nes Harim para recibir una emotiva bienvenida de la joven.

“Todo el mundo está esperando que termine la guerra. Incluso si los niños están aquí, no pueden separarse de lo que está ocurriendo allí. Son sus familias y amigos, son parte de ellos y están preocupados. Todo lo que podemos hacer es darles una presencia positiva”, afirmó Bukiet.

Una decisión de cinco minutos

Sin embargo, no solo es difícil para los niños. Algunos de los adultos también encuentran la vida muy complicada.

Conocí a Irina Kabakova por casualidad en un camino de la escuela.
Esta mujer llevaba a su hija Varvara de siete meses en un cochecito y vestía un sombrero de pescador que la hacía parecer israelí.


La mamá ucraniana Irina Kabakova y su hija Varvara. Foto: Nicky Blackburn

Kabakova, una profesora de inglés en Alumim que huyó con los niños, tiene hermosos ojos azules y sonríe ante las payasadas de Boris, su hijo de 17 años, que también está en Israel con dos de sus otros hijos.

Sus ojos son bellos, sí, pero hay una tristeza profunda dentro de ellos.

“Tuve que tomar la decisión de venir en cinco minutos. Había estado planeando el cumpleaños de mi hijo y había ordenado un pastel y contratado un espectáculo. Y de repente, de la noche a la mañana, dos explosiones cambiaron mi vida. Estábamos tan asustados… No podía entender lo que estaba pasando”, recordó.

A Kabakova le habían dicho que trajera solo una maleta para ella y sus cuatro hijos, así que empacó ropa para los niños, dos mudas para su pequeña y un par de zapatillas extra para ella.

Las únicas otras cosas que tenía para sí eran el atuendo que vestía: un chándal, un abrigo y las botas que llevaba puestas. Dejó todo lo demás.

“Cuando llegamos a la parte occidental de Ucrania, abrí la maleta y descubrí que había traído dos pares zapatos para mí. Estaba en tal estado de shock que no pude agarrar nada más”, dijo.


Irina Kabakova con su hijo Boris. Foto: Nicky Blackburn

Kabakova dijo estar muy feliz de que estar en Israel pero que les es difícil estar lejos de casa. “Llegamos tan de repente y lo dejamos todo…”, dijo.

Su automóvil, por ejemplo, está en el oeste de Ucrania donde tuvo que abandonarlo cerca de la frontera.

Algo que le hace los días más llevaderos es que sus padres, que vivían en una ciudad cerca de Kiev que fue casi completamente destruida, lograron salir de Ucrania y hoy viven en Netanya.

El padre de Kabakova es ruso y su madre es judía. Vivían en un sótano sin luz ni agua, escuchando sirenas, bombardeos y tanques. Quería quedarse y luchar, pero finalmente fueron evacuados.

La amabilidad de los desconocidos


Gili Maymon, director de Nes Harim, con Moshik, un niño ucraniano. Foto: Nicky Blackburn

SI hay algo en lo que todos coinciden es en la amabilidad con la que fueron recibidos en cada parte del viaje.

“Durante los últimos dos meses conocimos a tantas personas y organizaciones increíbles… Todos han sido de gran ayuda”, dijo Bukiet.

En Rumania, Kabakova recibió ropa, pañales y un cochecito para Varvara. “En Israel, la gente nos recibió en el aeropuerto con canciones. Nos dieron mucho y hoy no necesitamos nada. Nunca soñé que sería así. Estamos muy tranquilos en este lugar.

Puedo sacar a mi bebé todos los días. Es increíble, estoy muy agradecida”, expresó.

¿Qué viene después? Esa es una gran pregunta sin una respuesta real.

Algunos de los ucranianos que llegaron con los niños de Alumim ya emigraron a Israel y se han ido de Nes Harim. Otros están esperando.

Todavía hay allí cerca de 80 niños.

“Nadie sabe realmente cuánto tiempo estarán aquí. Lo vamos decidiendo mes a mes, pero no parece que vaya a ser pronto”, afirmó Gili Maymon, directora de Nes Harim.

Para Bukiet, tomará varios meses más: “Incluso si la guerra termina pronto, el país necesitará recuperarse y reconstruirse. No es inteligente regresar allí después de la guerra con un grupo de niños”.

 El Centro de Educación Forestal y de Campo Nes Harim está financiado por el Keren Kayemet LeIsrael – Fondo Nacional Judío en las colinas de Jerusalén. Foto: Nicky Blackburn

¿Bukiet volverá con ellos? Al igual que los niños, ella llegó a Israel como refugiada y con una sola maleta. Todo lo demás que posee todavía está allí.

“Vamos a donde nos necesitan. No sé qué pasará al final de la guerra, pero si seguimos siendo necesarios, volveremos”, reafirmó.

Para Maymon, que normalmente solo trata con gente un par de noches como máximo, conocer a los niños ha sido una experiencia única. Y está claro que ella está profundamente involucrada con ellos.

“No son niños normales, tienen muchos problemas, pero los amo. Estoy disfrutando cada minuto. A nivel personal, será muy duro cuando se vayan”, dijo la directiva, que de repente gritó: “Mark, Mark, ve a lavarte la cara, cariño, tienes queso”.

Mark, un niño de unos 9 o 10 años, se acercó y se inclinó hacia ella. “A ver, aquí”, le dijo Maymon y le limpió el requesón con un pañuelo. “Ahora estás limpio”.

 

Fuente: Israel 21C
https://es.israel21c.org/huerfanos-ucranianos-hallaron-un-refugio-inesperado-en-las-colinas-de-jerusalen/