El israelí que perdió una pierna en un atentado y se convirtió en entrenador de basket para discapacitados

El israelí que perdió una pierna en un atentado y se convirtió en entrenador de basket para discapacitados

Asahel Shabo tenía nueve años cuando fue herido en un ataque terrorista en Itamar. En el atentado, el entonces niño perdió a su madre, tres hermanos y una de sus piernas. Después de su rehabilitación, creció y se convirtió en entrenador y mentor de Ibrahim Bahu, un destacado basquetbolista en silla de ruedas. Una historia conmovedora que solo Israel puede producir.

Asahel Shabo (26) de Perah Tikva, tenía nueve años cuando fue gravemente herido en un atentado terrorista en su casa de Itamar durante la Segunda Intifada. “Un terrorista ingresó a nuestra hogar con un rifle, asesinó a mi madre y a tres de mis hermanos. Yo sufrí graves heridas, perdí mi pierna derecha, y logré sobrevivir debido a que simulé estar muerto”, cuenta.

Trece años después, tras recuperarse y convertirse en profesor de educación física y entrenador de baloncesto y natación, decidió donar su tiempo a otros, y la realidad israelí lo llevó a un lugar que invita a la reflexión. «Un día, se me ocurrió la idea de ser voluntario en el Centro Médico Sheba, donde había estado durante tanto tiempo, como parte de mi esfuerzo por promover el baloncesto para discapacitados. Pasé por la sala de pediatría para buscar a niños que se unieran a nosotros. Y alguien me dijo que hablar con un niño paralítico llamado Ibrahim», expresa.

 

– Cuando escuchas el nombre, ¿es difícil para ti desconectarte de tu historia personal?

– Cierto. Esta es una pregunta que definitivamente uno se hace, pero pasé por algunas situaciones en mi vida. En el momento en que me dedicaba a la natación tenía un amigo llamado Muhammad, y para mí era un verdadero amigo. En mi casa me educaron para que fuera la mejor persona posible, y es cierto que hay en el sector árabe hay personas que dañan y odian, pero no podemos generalizar. Por este motivo, tuve la capacidad de separar los asuntos y ver la relación como entre una persona y otra; entre un atleta y un atleta potencial.

Ibrahim Abo y Asahel Shabo, dos ejemplos de superación.

 

– ¿Qué le dijiste?

– En primer lugar, me acerqué con delicadeza. Quién como yo sabe cuán sensible es este problema. Le conté sobre mí. Le dije que jugaba baloncesto en silla de ruedas. Le sugerí que tomara una decisión, que cuando le dieran el alta saliera al gran mundo. Le expliqué que después de la rehabilitación uno recibe un golpe, porque uno se da cuenta de que nada volverá a ser como antes. Le dije que cuando se recuperara, se comunicara conmigo para comenzar a jugar y a involucrarse en el deporte. Después de unos meses recibí una llamada telefónica de él, y estaba muy feliz, porque el mayor desafío para nosotros es traer más amigos. Aquellos que sufren una lesión de este tipo tienen dificultades para aceptar el hecho de que van a ser discapacitados, y el hecho de que deben jugar en silla de ruedas los lleva a tener que incorporar la idea de que no pueden caminar. Es muy difícil de sobrellevar.

Vivir y triunfar

 

Ibrahim Bahu (18), de Jaffa, tenía 14 años cuando el portón del estacionamiento del hotel en el que se encontraba su familia cayó sobre él quebrándole vértebras de su espalda. Fue trasladado en helicóptero al Hospital Rambam, en Haifa, y un mes después comenzó un tratamiento de rehabilitación pediátrica en el Centro Médico Sheba, cerca de Tel Aviv. “Cuando supe que nunca más volvería a caminar, se me destruyó mi mundo y me hundí en una depresión”, recuerda. “Mi familia y los médicos fueron maravillosos y me apoyaron, pero nadie logró hacerme superar esta crisis, hasta que llegó Asahel. Como ejemplo de superación personal, él logró demostrarme que incluso después de una herida grave, no sólo se puede vivir, sino también triunfar. Él me enseñó el amor y la pasión por el deporte, y pudo hacer que yo no sólo me recuperara físicamente, sino también espiritualmente”, agrega.

 

Asahel, que se casó hace un año, sabe muy bien por lo que tuvo que pasar Ibrahim, ya que él también atravesó años difíciles de rehabilitación física y espiritual, y se apoyó en la actividad física para lograr superar los obstáculos. “Estuve un año y ocho meses en recuperación en el centro médico, y un muchacho del centro deportivo para discapacitados Spivak, de Ramat Gan, me propuso unirme a las actividades del complejo, y así comenzó mi amor por la natación. Mi padre me llevó allí, y eso realmente me salvó”, comenta.

 

Durante ocho años, Asahel fue un activo nadador, llegó a formar parte de la selección de Israel y obtuvo decenas de medallas en diferentes competencias prestigiosas. “Cuando terminé el colegio secundario decidí abandonar la natación por otro deporte. Estaba agotado. Quería un comienzo nuevo y diferente. Durante un año busqué por mí mismo, hasta que descubrí el baloncesto en sillas de ruedas y, como dicen, me infecté con la bacteria. Realmente me gustó, y me he dedicado a esta disciplina desde entonces. Jugué por dos años en Alemania y hoy soy entrenador en Spivak», manifiesta el joven.

 

Centro Medico Sheba.

 

Encender la luz

Siguiendo a su mentor, Ibrahim comenzó a nadar e incluso participó en varias competiciones de natación. «Desde el niño gordito que era antes del accidente, me convertí en un atleta activo sin mucho tiempo libre. Asahel no sólo fue una gran fuente de inspiración para mí, sino que me fortaleció emocionalmente y me llevó a no renunciar a mí mismo. El hecho de que obtuve el segundo lugar en una competencia nacional se debe, en parte, a él».

Hoy, Ibrahim es voluntario en el movimiento Scout Árabe-Ortodoxo en Jaffa, ha estado jugando baloncesto durante tres años para el equipo Ilan Ramat Gan Spivak, que participa en la primera categoría de la liga nacional, y se destaca en la selección de Israel de baloncesto en silla de ruedas. Después de una serie de exitosas prácticas en un campo de entrenamiento en Italia, justo antes del estallido del coronavirus, Asael e Ibrahim lograron participar en un prestigioso torneo de equipos en Milán y obtuvieron un respetable cuarto lugar. «Aprendí a no perder la esperanza», sostiene Ibrahim. «Después de la grave herida, estaba seguro de que mi vida había terminado, pero luego encontré el deporte. La tragedia que me llevó a la silla de ruedas me permitió valorar la vida. Es muy fácil dejarse atrapar por el lado negativo de la historia y hundirse en la depresión. Decidí encender la luz y un nuevo mundo se desarrolló ante mis ojos», concluye.

La doctora Dafna Gutman, especialista en rehabilitación pediátrica del Centro Médico Sheba, acompañó a Ibrahim y a su familia a través del proceso de recuperación. «Como parte de su proceso de rehabilitación, Ibrahim aprendió de nuevo a cuidarse a sí mismo con la nueva discapacidad, y a realizar las tareas más simples, que nosotros solemos dar por sentadas, como vestirse y moverse de un lado a otro. Su rehabilitación superó las expectativas. La combinación de su capacidad de recuperación espiritual, junto con la movilización de su familia y la fe en el equipo de rehabilitación, llevaron a Ibrahim no sólo a adaptarse a su nueva condición funcional, sino también a obtener lo mejor de ella y estamos orgullosos de él», expresa Gutman.

 

 

Fuente: Ynet Español