La jardinería como método para lidiar con la pérdida de un ser querido

La “jardinería terapéutica” trata del vínculo que establece el ser humano y la planta. Los beneficios de esta práctica a la hora de elaborar duelos.

La relación entre el ser humano y el mundo vegetal que lo rodea es un tema de investigación desde hace años. La “jardinería terapéutica” trata del vínculo que se establece entre el ser humano y la planta, y ayuda a las personas que sienten dolor por la pérdida de un ser querido a terminar por aceptarlo y a sanar: “Cultivar la tierra y hacerla florecer es una forma de diálogo con el dolor interior”. Mi abuela Babi me contaba esta historia una y otra vez, la mitad en idish y la otra mitad en húngaro y hebreo. Era el cuento de una pobre mujer de pueblo que solía ir al lugar en el que había un roble enorme y antiguo para contarle sus problemas. Durante muchos años lloró ante ese árbol hasta que un día, de tanto dolor y tristeza, el antiguo roble se partió en dos.

Se han llevado a cabo un número considerable de estudios sobre la relación entre el ser humano y las plantas, y la influencia de la naturaleza en el hombre moderno. El científico James Lovelock, que trabajó para la NASA y es famoso por su libro La teoría de Gaia (Gaia es la madre tierra), afirma que todos -personas y plantas- somos parte de un único gran organismo, con relaciones que influyen en la supervivencia del planeta.

Por su parte, el catedrático Ariel Novolansky, ecólogo evolucionista, sostiene que los árboles y las plantas son capaces de sentir, de recordar sus vivencias y experiencias, y de recordarlas para utilizar ese conocimiento en el futuro. Según Novolansky, si un árbol ha sufrido algún tipo de trauma, como por ejemplo un corte, habrá en su fisiología restos e incluso signos en el ADN, que le permitirán adaptarse a una situación similar en el futuro. Actualmente, en educación ecológica, se prepara a maestros y profesores especiales en un curso de “guardianes del jardín” para que lleven a los alumnos a la naturaleza y enseñarles cómo escuchar a los árboles, al mundo vegetal y a los pájaros, y cómo establecer un contacto con las plantas.

Días de rosas

Cuando estoy triste y sufro, voy al vivero y lleno el coche de maravillosas flores de todos colores. “¿Todo esto es para el balcón?”, me pregunta la vendedora. A lo que le respondo: “Yo soy de ciudad; se trata de un agarradero en el que me apoyo”. Y cuando voy de vuelta a casa, me siento nuevamente feliz.

Ya en la época del antiguo Egipto, los médicos recomendaban a los miembros de la realeza que pasearan por los jardines porque era bueno para el alma. En el año 1993 se iniciaron los primeros cursos universitarios en jardinería terapéutica en Gran Bretaña, y en Israel surgieron con los años granjas agrícolas con este fin específico. La asociación para el avance de la jardinería terapéutica en Israel hoy en día, lleva el nombre hebreo de Adam Tsomeaj (en español, ‘Los seres humanos crecen’).

Nadav Aarón Cohen, de la ciudad de Rejovot, es especialista en jardinería terapéutica, imparte clases y da cursos a familias cuyos hijos soldados han fallecido. Y lo hace en el marco de la organización Iad Lebanim (en español, ‘Extender una mano a los hijos jóvenes’) de la Sociedad Municipal de Rejovot. Nadav también trabaja con niños que se encuentran fuera del sistema y con jóvenes voluntarios en edad de hacer el servicio militar.

¿Cómo ha llegado a esto?

“Siempre me han gustado las plantas, y sigo teniendo un jardín en junto a mi casa. En tanto que terapeuta, quería combinar eso con el hecho de trabajar con otras personas. Trabajar en el jardín es muy enriquecedor. Especialmente para niños que afrontan dificultades y han sido expulsados del sistema educativo, o a aquellos a quienes han sacado del hogar familiar por diferentes motivos. El jardín es su reino: ellos eligen, plantan, cultivan y crecen. Esto fortalece su sensación de que son capaces de hacer cosas, y les brinda la posibilidad de lidiar con decepciones de una manera positiva. A veces las plantas no crecen pese al esfuerzo que se hace, y así es como obtienen herramientas para afrontar las cosas también fuera del jardín”.

«La jardinería ayuda a desarrollar la capacidad de afrontar algo superior a nosotros mismos»

¿De qué manera se manifiesta la naturaleza en el caso de familias que han perdido a sus hijos (en el ejército)?

“En el caso de familias que han perdido a sus hijos en el ejército, el jardín tiene un nivel adicional, más profundo, porque se trata de colaborar y de relacionarse entre personas. Es una especie de grupo de apoyo que funciona en el jardín, y todos comparten los fracasos y los éxitos. Aquí es donde crece y florece la planta, y en un segundo se marchita. Se habla de la ausencia y de la añoranza y la ausencia, y a través de todo tipo de cosas que suceden en el jardín, el alma y la psique se abren, y la gente tiene la posibilidad de hablar libremente con el apoyo del grupo”.

Oded Elón, de 23 años, es uno de los jóvenes voluntarios en el proyecto. En febrero del 2019 se alistó en las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), y había comenzado con la jardinería terapéutica alrededor de dos años y medio antes. “El trabajo en el seno de la naturaleza me hace bien”, manifiesta. “No soy el tipo de empleado de una oficina; me aburre. Nadav me permitió trabajar con herramientas peligrosas como una guadaña con motor, una podadora, un aparato para soplar las hojas secas. Para mí es una experiencia importante trabajar con este tipo de herramientas, lo que me pone asimismo en forma con vistas al servicio militar. Hace poco plantamos un manzano, y ahora esperamos que dé frutas”.

“Por un lado, es difícil lidiar con la pérdida de un ser querido, y la ausencia y la añoranza nunca tendrán respuesta. Pero por otro lado, cuando uno trabaja en el jardín, se dedica a ello, siembra, fertiliza, espera y reza para que la planta crezca y no obstante ésta se seca y muere, también experimenta una pequeña pérdida. Por supuesto, se trata de una pérdida diferente, con otra intensidad, pero ayuda a desarrollar la capacidad de afrontar algo superior a nosotros”, expresó Nadav.

¿No resulta un poco desalentador?

«Al contrario. La jardinería terapéutica puede ayudarnos a procesar dificultades emocionales, a cambiar patrones de comportamiento, y a volver a crecer. Todos los procesos que tienen lugar en el jardín -la siembra, el crecimiento de las plantas y la recolección de los frutos- brindan vivencias relacionadas con lo positivo y con un optimismo que influyen en el alma y en la mente. Por ejemplo, cuando se poda una planta y se corta una parte de ésta, esa parte muere. Pero si se siembra esa parte en otro lugar, echa nuevas raíces. En el lugar en el que hemos hecho el corte, generalmente crecen dos o tres ramas nuevas. Es precisamente el lugar que tiene la ausencia en el trabajo de jardinería el que enriquece y le muestra a la persona cosas de las que antes no era consciente».

“El jardín es asimismo un lugar que trae recuerdos. Una de las mujeres me contó que la última vez que vio a su hija antes de que saliera en dirección a la base militar fue en el jardín de su casa. A ella, el jardín la pone muy en contacto con la hija. Otra mujer contó que su esposo solía trabajar en el jardín. A veces esto conserva el recuerdo de una buena añoranza. Precisamente el trabajo en el jardín constituye una especie de continuidad de la relación con la persona que ya no está. El trabajo en el jardín, en la naturaleza, tiene un efecto positivo en el alma incluso en quienes han sufrido grandes traumas. Por lo tanto, es cierto que satisface una necesidad importante en personas que experimentaron la muerte y la pérdida de un ser querido. Allí, en el jardín, esto es mucho más intenso. Se trata de una cuestión de raíces, de conexión con la tierra. Además de esto, hay éxitos y fracasos que no siempre dependen de nosotros. No es un pasatiempo común como tejer”.

Pienso en el contacto con la tierra, que para ellos está intensamente relacionado con la muerte

“Ellos hacen florecer la tierra; es un tipo de diálogo con el dolor interior. Una persona que ha perdido a un ser querido se siente desgarrado, perdido, como si le hubieran arrancado la vida, que ya no tiene sentido. Pero cuando esa persona trabaja la tierra y ve que la planta echa raíces, el efecto es muy positivo y le da una sensación de estabilidad”.

Estoy otra vez con mi hermano en el campo

En Israel, el país en el que tantos padres pierden a sus hijos en el ejército, los cementerios militares están llenos de jardines maravillosos y muy cuidados.

Rina Zindani

Rina Zindani, de Rejovot y jubilada del Ministerio de Educación, es una de las participantes fijas en los grupos de jardinería. Su hermano, Dani Nisim, era un combatiente en la Patrulla Jaruv, y murió a la edad de 19 años en una de las incursiones a Jordania del año 1971. “Yo estaba muy unida a mi hermano, y por eso le huí al jardín durante años”, recuerda.

¿Cómo se relaciona esto con él?

“Mi hermano y yo pasamos mucho tiempo juntos en campos y en jardines. De niños cultivamos y uvas en el moshav (cooperativa agrícola típica de Israel) Najam, y allí terroristas árabes asesinaron a nuestro abuelo. Dani montaba a caballo, y juntos trabajábamos la tierra. Por eso, después de que murió, me alejé de campos y jardines. Ni siquiera tocaba el jardín de mi casa. Aquí, en este grupo, tuve una experiencia reparadora porque este jardín es Dani. Y cuando me encuentro aquí, en este jardín, vuelvo a estar con él, en los campos de nuestra infancia”.

¿De qué manera la ayudó el trabajo en el jardín?

“Mi jardín es como mi bebé, y cuando me voy siento que lo dejo en la guardería y no lo veo durante una semana. Es una sensación increíble. Aquí cultivo verduras: apio, perejil, cilantro, fresas, y también flores, que me encantan. Al principio no quería venir. ¿Por qué iba a venir a un jardín? Pero cuando llegué, me enamoré desde el primer momento. Tengo una relación de amor con el jardín. Me resulta difícil esperar al siguiente encuentro, y a veces paso por allí y le echo una ojeada a través del cerco para ver a mis pequeños, lo hermosos que crecieron”.

Dime qué planta te gusta y te diré quién eres

La experiencia de Nadav le enseñó que el trabajo en el jardín dice mucho acerca del mundo interior del ser humano. “Hay personas a las que les gusta regar con abundante agua, e inundan el jardín. Y hay quienes riegan poco. Esto último se ve en los niños de internados a quienes sacaron de sus hogares. “A algunos de ellos les resulta muy difícil cortar las malas hierbas o arrancar plantas. Una chica incluso arrancó malas hierbas, pero las enterró en otro lugar del jardín. A través de las plantas, yo veo su mundo interior y puedo ayudarlos a reparar lo que haga falta”, señala Nadav.

¿Y qué puede decir respecto al tipo de planta que se elige cultivar?

“Cada persona elige cultivar determinado tipo de planta. Vegetales de temporada, especias, flores de la estación. Cada persona encarga lo que quiere, y yo se lo preparo y la ayudo a plantarlo. Padres que han perdido a sus hijos piden plantas que dan frutos, y que son menos ornamentales. Quieren plantas comestibles cuya creación y proceso de formación se puede ver”.

El narciso de mi hermano Iosi

Daniela Kadmi, enfermera jubilada del kibutz Gan Shelomó, también forma parte del grupo de jardinería en Rejovot. “En primer lugar, recibimos una tierra en la que no había nada, y aprendimos a preparar el terreno. Después plantamos cebollas, semillas de rábano, apio, menta, hinojo. Y en cuanto a flores, plantamos pensamientos. A mí, personalmente, lo que me dio más alegría fue plantar narcisos. Era una flor que a mi hermano Iosi le encantaba. Es una flor increíble, con un aroma maravilloso.

Nadav junto a Daniela.

¿Cuándo murió su hermano?

“Mi hermano Iosi Tohar era teniente coronel en la unidad de paracaidistas, y participó en la Operación Entebbe de 1976 y en la Operación Litani. Era una persona muy especial, superior que amaba a los seres humanos. Murió en el Líbano, en una operación militar del año 1981. Estaba casado y tenía un hijo. La gente que lo había conocido dijo que estaba hecho del material del que están hechos los comandantes en jefe del ejército”.

¿Qué le ha aportado el jardín terapéutico a su vida?

“Me hace feliz, especialmente cuando veo que los narcisos, que a mi hermano tanto le gustaban, florecen en todo su esplendor. Además, aprendemos muchísimas cosas sobre jardinería. Qué planta es apropiada para cada estación, qué le ocurre a las ramas que podamos, qué significa período de floración, cuándo hay hibernación y cuándo la planta comienza a crecer con el sol. Es todo un mundo.

Poco a poco, quienes formamos parte del grupo nos abrimos unos a otros. El jardín arroja asimismo luz a mi vida privada. Tomé semillas de cebolla que me quedaban y las planté en el jardín, y también papas y lechuga. Además, empecé a cuidar el jardín de mi casa, y todo comienza a florecer de nuevo”.

Fuente: Ynetespañol