Lugares sagrados en la tierra de Israel están condenados a ser profanados por los palestinos

Semejante odio generalizado hacia los judíos solo puede explicarse en un sentido espiritual

La Tumba de Raquel se encuentra en las afueras del norte de Belén, que está bajo control palestino. (Foto: SETH J. FRANTZMAN)

La paz en el Medio Oriente ha sido históricamente difícil de alcanzar porque el odio árabe hacia Israel y los judíos es tan profundo y amplio como el universo mismo. Está casi a la par con el odio maníaco que los demócratas y los medios liberales sienten por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

Hace menos de 30 días, el mundo contuvo el aliento colectivo cuando Estados Unidos e Irán parecían estar al borde de un gran conflicto. Trump dio luz verde a un ataque teledirigido y mortal de drones contra un comandante militar iraní que era un conocido autor intelectual terrorista. Irán amenazó con represalias y prometió que Estados Unidos pagaría un alto precio.

En respuesta, Trump advirtió que si un solo estadounidense o posesión estadounidense, sufriera daños a manos de Irán, Estados Unidos atacaría los sitios culturales iraníes. Esto enardeció al mundo. Trump fue juzgado y condenado en la corte de opinión pública por todo, desde violar tratados internacionales hasta cometer crímenes de guerra. Amenazar con atacar un sitio cultural iraní era como hacer estallar una bomba atómica, sin embargo, los sitios culturales y religiosos de Israel son atacados físicamente y profanados casi a diario. Es un misterio que el mundo permanezca en silencio.

Semejante odio generalizado hacia los judíos solo puede explicarse en un sentido espiritual. Los árabes y los judíos son ambos descendientes de Abraham. Los árabes lo son del hijo de Abraham, Ismael, nacido de una esclava. Los judíos llegaron a través del hijo prometido de Abraham, Isaac, nacido de su esposa Sara.

Dios se separó a sí mismo tanto de una tierra como de un pueblo. La tierra se la conoció como Israel y el pueblo, siendo de Judea, se lo conoció como judíos. Dios prometió sus bendiciones sobre Isaac y sus descendientes, pero Dios también dijo que haría de Ismael una gran nación, pero agregó que él (Ismael) sería «un hombre indómito como asno salvaje. Luchará contra todos, y todos lucharán contra él; y vivirá en conflicto con todos sus hermanos», que incluye a los judíos.

La tierra física conocida como Canaán se convirtió en la Tierra de Israel, y cambió de manos y líneas fronterizas una y otra vez a lo largo de la historia. Muchos de los sitios culturales y religiosos de Israel se encuentran en tierras actualmente ocupadas y gobernadas por los palestinos.

En la ciudad de Hebrón, que hoy se encuentra en territorio palestino, se encuentra la Cueva que Abraham compró como lugar para enterrar su esposa Sarah. La tradición sostiene que Abraham, Isaac, Jacob, Rebeca y Lea también están enterrados en esa cueva.

La tumba de Raquel se encuentra en las afueras del norte de Belén, que está bajo control palestino. Se describe en los escritos hebreos como «La edificación con la cúpula y el olivo». Esto se convirtió en un símbolo judío, que aparece en dibujos, sellos postales, fotografías, obras de arte y en las portadas de libros sagrados judíos.

Hoy, sin embargo, la pequeña estructura con cúpula ha sido encerrada en un bloque de hormigón gigante rodeado de puestos de armas y torres de vigilancia, y cubierto con una red de camuflaje. Quien visite la tumba hoy tendría dificultad en reconocerla como el lugar grabado en los corazones y recuerdos judíos. Ha sido escondida y profanada y no es un lugar seguro. Los judíos solo pueden llegar ahí en vehículos a prueba de balas y bajo supervisión militar.

La tumba de José en Nablus ha sido atacada en muchas ocasiones. Se la ha incendiado y profanado después de haber sido utilizada como basurero y urinario. Pero este tipo de trato no es exclusivo de la Tumba de José. Profanar los lugares sagrados judíos es una práctica palestina generalizada.

La histórica sinagoga «Shalom al Israel» en Jericó también ha sido atacada. Se han quemado libros sagrados y reliquias arqueológicamente significativas, y se ha dañado el antiguo mosaico de la sinagoga.

Se han registrado cientos de incidentes (aunque no necesariamente reportados) en los que palestinos de Belén y los campamentos y aldeas palestinas circundantes han arrojado rocas y cócteles molotov, e incluso han disparado contra fieles, peregrinos y soldados israelíes judíos que intentaban visitar la sinagoga y otros sitios sagrados judíos ubicados en tierras palestinas ocupadas. ¿No es digno de ser condenado y castigado este comportamiento?

Incluso hoy en día es a menudo peligroso para los judíos visitar las tumbas de sus seres queridos enterrados en el cementerio del Monte de los Olivos.

Se han profanado secciones enteras y se han destrozado lápidas de tumbas judías. Árabes y palestinos se han llevado algunas de las lápidas y las han utilizado como adoquines o en la construcción de refugios de animales u otras viviendas.

Los palestinos usan sus intereses religiosos reales o ficticios para hacer capital político para su campaña nacional contra Israel, y los judíos y el mundo parecen asentir a su favor. Claro y simple, esto está mal. Los palestinos no solo han amenazado con profanar sitios sagrados judíos, sino que lo han hecho físicamente de la manera más atroz. Todo esto y más, y sin embargo, el mundo no se da cuenta. Trump simplemente amenaza con atacar sitios musulmanes iraníes y de repente es un criminal de guerra con un precio en su la cabeza.

Los palestinos han demostrado que no se puede confiar en ellos para preservar y proteger sitios culturales o religiosos judíos. No tiene sentido que el profano deba ser encargado de salvaguardar lo sagrado. No está bien, pero es la forma moderna porque el mundo se ha inclinado demasiado hacia la izquierda.

* El escritor es un locutor y periodista cristiano internacional que también se desempeña como embajador de buena voluntad de Israel.

Fuente: The Jerusalem Post 
Traducción: Consulado General H. de Israel en Guayaquil